sábado 13 de septiembre de 2008

Raid de Mérida 13 y14-sep-08

Después de correrse la voz en los círculos bikers de que yo quería ir al Raid de Mérida… pronto me llovieron las ofertas de gente ofreciéndose para acompañarme a la competición. Bueno más que lluvia fueron dos gotas… la primera gota fue Fran de Valverde, que avisado por Fabio, me comentó que estaba dispuesto a ir… y hubiera venido de no ser porque ese fin de semana le coincidía con un viajecito familiar. Pero la gota que colmó el vaso, en el buen sentido de la palabra, fue Juan de San Juan con el que cerré el trato. Ya sólo faltaba decidir en que modalidad nos presentábamos y quien se venía con nosotros de asistencia… pero yo ya tenía un plan.

Efectivamente, hice la inscripción de los tres miembros del equipo A… de Agonía… el Calandraka en plan coronel John "Hannibal" Smith, Juan, incorporado a los agonías para la ocasión y para lo que haga falta en el futuro, y Alexandra, gran fichaje femenino reciente, a los mandos del volante del coche de asistencia… y es que yo siempre busco lo mejor para el equipo… porque “me encanta que los planes salgan bien”.



Llegamos a Mérida casi de noche, menos mal que llevaba bocadillos para los tres, porque sino, en el albergue donde nos alojamos esa noche en las afueras de la ciudad, hubiéramos pasado más hambre que un caracol en un espejo. Nos tocó una habitación sin puertas, pero como llegamos antes que los demás… cambiamos la reserva de habitación cambiando el cartelito donde ponía Agonía Bike a otra habitación más acogedora. Una vez instalados, nos fuimos a la reunión donde nos darían una charla y toda la documentación de la prueba.



Había 3 categorías: aficionados, aventura y élite. Como sólo Juan y yo íbamos a competir propiamente dicho, sólo nos quedaban las opciones de aficionados y aventura… así que escogí lo que hubiera hecho cualquier agonía que se precie: la aventura. Después de la charla y de resolver las dudas de los equipos nos fuimos a la habitación y desplegamos los mapas para debatir entre los tres la estrategia a seguir a groso modo… sobre todo como conseguir comida y donde devorarla… ya que una de las dudas que me resolvieron en la reunión, era que no había avituallamientos durante la carrera… por lo que la asistencia cobraba cada vez más importancia.

La mañana de la competición nos levantamos y fuimos a desayunar a un bar cercano en un polígono industrial… después nos fuimos a la ciudad, dejamos el coche en los aparcamientos reservados para los equipos y bajamos las bicis para dejarlas en los boxes. Para empezar el raid tendríamos el “score cultural urbano”, una prueba a patas por las calles de la ciudad buscando inscripciones en latín en los monumentos, miradas de estatuas y otros datos que debíamos recopilar antes de salir pitando con las bicis.



En el tiempo que estuvimos correteando por la ciudad, Alexandra había incorporado al manillar de mi bici una especie de artefacto para poder consultar el mapa en marcha… lo que nos hizo ahorrar mucho tiempo… la asistencia empezaba a notarse por el bien del equipo… aunque después se notaría mucho más salvándonos de morir de inanición y de sed.

Estrenábamos por fin las bicis mapa en mano buscando puntos de control a lo largo del Guadiana: uno de ellos junto a unos campos de deporte que no vimos, otro junto a una estación de tren que sí vimos… así hasta cruzar el río en un punto determinado y llegar por fin hasta nuestra asistencia que esperaba en el Canal del Lobón. Hasta allí con el agua de los bidones de las bicis y alguna barrita energética de Juan nos aguantó el cuerpo, pero al dejar las bicis en el coche con Alexandra y empezar a correr de nuevo, solo pude llevar encima un cinturón con cuatro minibotellitas de agua para los dos, y aún nos quedaba por delante lo peor. Nos pusimos las zapatillas de correr, nos despedimos de Alexandra hasta el próximo punto de encuentro con la esperanza de que pudiera hacer la compra del mes y poder encontrar comida y bebida en abundancia para comer unas 2 horas después…

En realidad los 6 kilómetros siguientes eran patinando, pero como íbamos cortitos de habilidad patinadora, decidimos saltarnos esta prueba y por lo menos no penalizar… eso sí el recorrido lo tuvimos que hacer corriendo, mientras nos adelantaban los equipos en patines. Llegamos a la Ermita de San Isidro, donde los patinadores dejaban de patinar y empezaban a correr… y donde nosotros dejamos de correr para seguir corriendo… pero ahora en vez de asfalto, otros 9 kilómetros por campo a través… y sin agua.

Cogimos el mapa, nos saltamos una valla y nos internamos en el campo para empezar a subir una colina… por allí perdido debía haber un puto punto de control pero lo que vimos fue un rebaño de cabras y el cabrero. Nos dirigimos hacía él por si podía ayudarnos, cuando le escuchamos decir:

- ¡¡ Mira, ahí vienen dos cabras !!
(yo no sabía si se refería a mi y a mi compañero, pero miramos para atrás y para nuestro alivio venían dos cabras).
- Buenos días. Estamos buscando un punto de control…
- ¡¡ Y tengo más… por ahí andan !!.
- Estooo, ha visto por aquí usted algo raro… una especie de señal…
(aparte de 2 tíos dando brincos por el campo en calzones con un peto amarrao con un nudo a la cintura… pensé pa mi)
- Por lo menos 200 cabras tengo en el monte –insistía el cabrero a lo suyo.

Viendo que esta conversación no tenía ningún sentido… seguimos trotando monte arriba en la dirección que marcaba el mapa y según las curvas de nivel. En lo alto de la colina, junto a un depósito de agua había un punto de control que picamos. Y seguimos hacia el siguiente. Bajamos hacía una carretera comarcal paralela al pueblo que se veía abajo para después subir otra vez al monte… por donde en paralelo a nosotros, pero a mayor altura, vi pasar dos equipos élites… de tres en tres… Les salí al encuentro subiendo la montaña directamente mientras Juan subía bordeando por un camino:

- Somos de categoría aventura –le dije para que no pensaran que competíamos con ellos.
- ¿Habéis visto algún control por aquí?
- No.
- Gracias.

Los vi dirigirse hacia un roquedo en lo alto donde supuse que había un control… Juan corría un poco más abajo por el sendero. Le dije que siguiera por el sendero que ya me encargaría yo de picar la tarjeta, no hacía falta que subiera conmigo… apreté un poco para alcanzar a Juan pero seguí subiendo rápido porque temía perder de vista a los 2 equipos élites que nos precedían… llegamos al punto más alto de la montaña donde estaban las antenas… desde aquí se veía una inmensa llanura y a la lejanía un collado donde si no nos engañaba el mapa había que atravesar. Juan pasaba por unos momentos delicados pero por fin llegamos al área recreativa donde estaban las asistencias y donde Alexandra nos tenía preparado la madre de todos los picnics.

- ¿Y Juan?
- Ahí viene, no está muy bien.
- No le obligues a seguir si se encuentra mal…
- Que él decida cuando venga.



Alexandra le vio mala cara a Juan. Cuando terminamos de comer y Juan se hartó de beber se atrevió a seguir como un machote. Nos montamos en la bici pero nos dejamos el mapa de la sección anterior en el coche sin darnos cuenta de que lo necesitábamos para enlazar con el mapa siguiente. Ya estábamos perdidos nada más empezar, así que no tuvimos más opción que dejarnos guiar por otros equipos. El problema era que Juan se encontraba peor aún que antes después del atracón de beber que se había dado… se quedaba atrás con la bici y yo tenía que hacer de enlace entre el grupo guía y Juan para no perdernos. Y eso hicimos hasta encontrar el primer punto de control… ya podíamos orientarnos… o eso pensábamos nosotros, porque antes sin mapa y ahora con el no teníamos pantalones de orientarnos… de hecho nos juntamos unos 5 equipos allí sin saber por donde seguir hasta que nos fuimos cada equipo por su camino. Vi en el mapa una carretera y decidimos entre nosotros y un equipo de Mérida que lo mejor sería salir de aquél bosque y terminar la sección sin picar más controles.



Circulamos por la carretera hasta el pueblo de Alenge, dominado por su castillo en lo alto del Cerro de la Culebra, junto al embalse. Allí en el embarcadero estaba nuestra asistencia enfrascada en la ardua tarea de tomar el sol y en la dura práctica de la lectura, esperándonos, eso sí, con unos deliciosos bocadillos y bebida isotónica. Nos fuimos a la orilla del pantano y tuvimos que esperar una piragua de un equipo que volvía. Nuestra sección piraguera fue una de las mejores. Juan se transformó en el agua y paleó como un jabato, incluso cuando yo dejaba de palear de vez en cuando por problemas de tirones en las piernas a causa de la postura de remo. ¡¡ Cómo surcaba las aguas nuestra embarcación camino del puente donde nos esperaba el rapel !!. Llegamos a la orilla, subimos la pendiente, nos pusimos los arneses, los cascos, y empezamos a rapelar puente abajo… pero a unos 4 o 5 metros de la superficie del agua ya no había más cuerda ¡¡ aaaaahhh, sorpresa !!!, tuvimos que saltar y nadar hasta la orilla para montarnos de nuevo en la piragua. Adelantamos a dos embarcaciones, picamos el control de la orilla opuesta a la salida y casi cogemos a otra embarcación antes de llegar al punto de partida.



Otra vez tocaba montarse en bici, esta vez para terminar de una vez por todas la primera etapa en Mérida. Picamos algunos puntos de control: el del puente que solo se veía si mirabas atrás; el que nos topamos en la misma vía verde que nos conducía a Mérida; aunque otros no lo vimos ni metiéndonos en el mismísimo río. Llegamos por fin hasta la mismísima plaza de España pero tuvimos que volver al puente Lusitania para hacer la tirolina. Solo tenía que hacerla un miembro del equipo, la hizo Juan primero pero al Calandraka se le antojó tirarse también, así que aún a riesgo de perder el podium… convencí a la chavala de la organización para que me dejara probar. Juan terminó con la pierna perjudicada por las zarzas que había antes de tomar tierra al otro lado de la tirolina, menos mal que yo iba prevenido. Ahora si, terminamos por fin la etapa y nos fuimos al Paseo de Roma a descansar en el césped donde nos quedamos medio dormidos mientras pensábamos que aún nos quedaba lo peor… la etapa nocturna del raid.





El inicio de la segunda etapa empezaba con una score nocturno a pie buscando controles en diversos puntos de la ciudad, aunque el mejor de todos fue el que estaba dentro del mismísimo anfiteatro romano, que abrieron especialmente para nosotros, entre piedras milenarias y luces entre penumbras que configuraban un ambiente espectacular. Terminado el score nocturno a pie empezaba el score en bici con internamiento en el campo incluido. Nos metimos en el campo de noche. Perdidos y sin saber donde seguir por nosotros mismos, nos dimos la vuelta para seguir recopilando puntos de control en la ciudad… a la vuelta nos encontramos con equipos en dirección contraria:

- ¿Por ahí está la carretera?
- No se.
- Hola, ¿la carretera?
- ¡¡ Vamos !!
- ¿Venis de la carretera?
- ¡¡ Aupa !!

Preguntamos a tres equipos y ninguno nos decía si venían de la carretera… eso sí, ánimos los que hiciera falta. Decidimos poner rumbo hacia las luces de la ciudad que se veían a lo lejos, cuando sin querer nos topamos con el punto de control 26… mucho premio para tanta incompetencia. Llegamos a la ciudad y ahí lo bordamos… se ve que somos raiders de ciudad, que se nos dan mejor los planos callejeros que los mapas de campo. Terminamos la sección, aunque la siguiente sección también era en bicicleta. Ya Alexandra no estaba en Mérida, sino buscando en su raid particular el observatorio de aves donde debíamos vernos en 1 hora.

Antes de salir de la ciudad nos paramos con toda la parsimonia del mundo en un kiosko-bar de la plaza de España para comernos un perrito caliente.

- ¿Cuánto tienes?
- 3 euros.
- Justo.

- Oiga, dos perritos.
- ¿Pero no os ireis no? – nos preguntó el camarero, al que ya se le habían ido dos participantes que le habían hecho idéntico pedido unos minutos antes.
- No hombre, nosotros estamos compitiendo pero no tenemos ninguna prisa.

Una vez que nos comimos los perritos con toda la tranquilidad nos fuimos rumbo a “quien sabe ande” porque fue salir de la ciudad y perdernos como casi siempre. Después de preguntar a gente en la ciudad sin decirnos con seguridad el camino a seguir según el mapa, seguimos las indicaciones de un señor que nos condujo al principio de un camino que se internaba en el campo. La dirección era la correcta al menos, pero de noche las indicaciones y los cruces de caminos son difíciles de seguir y nos despistamos en algún punto. Muy lejos se veía un pueblo grande… pero llegar allí por campo sin poder seguir el mapa era una temeridad, así que salimos a una carretera que adivinamos a lo lejos y la seguimos… con la suerte de que el pueblo que veíamos a lo lejos no era el que teníamos que alcanzar, sino otro pueblecito que había mucho antes y que no se veía desde el campo. En Mirandilla repostamos en un bar y siguiendo las indicaciones de un grupo de chavales seguimos de nuevo por una carretera comarcal hasta llegar al paso de la Sierra Bermeja. Allí estábamos solos en una encrucijada de caminos donde debía haber un punto de control que nosotros no veíamos por ninguna parte. Decidimos seguir uno de los caminos, pero tuvimos que volver al punto inicial porque cada vez nos internábamos más en un cortijo donde se escuchaban unos ladridos de perros a lo lejos nada tranquilizadores. Una vez en la encrucijada de nuevo, vimos venir unas luces a lo lejos. Eran dos equipos que cuando llegaron a nuestra posición sacaron los mapas, la brújula, la regla para medir las distancias… picaron en el maldito punto de control nº 32 que estaba delante de nuestras narices e indicando el camino a seguir, así que nos unimos a la expedición. Le agradecimos la ayuda dejándolos tirados cuando pincharon. Ya solos, picamos otro punto de control, que nos alivio bastante porque confirmó que seguíamos el camino correcto y poco después llegamos al observatorio de aves donde nos esperaba Alexandra con el coche. Con ella estaba otro miembro de otro equipo aventura, que se cambiaba con los otros dos para descansar uno de los tres en cada sección, eso si que es ir con ventaja, porque nosotros hubiéramos necesitado algún que otro cambio. Después de picar el control de la organización y penalizarnos por no llevar encima la manta térmica, decidimos que hasta el albergue iríamos en coche y no corriendo… ya estábamos hasta los mismísimos de pasar frío y andar perdido por el campo.

A las 4 de la madrugada llegamos al albergue… nos duchamos con agua fría y nos fuimos a la cama. Debíamos pasar 3 horitas obligatorias de descanso, confiando que el servicio del albergue nos despertara puntualmente con el desayuno en la cama… en esos diálogos de besugos nos enzarzamos Alexandra y yo, mientras Juan desde otra litera nos mandaba a callar:

- ¡¡ Os callais o nos montamos en la bici !!.

Ante tal amenaza no hubo más remedio que planchar la oreja. Qué prueba tan dura fue la del albergue. Había que hacer un tiempo mínimo de 3 horas de sueño… pues nosotros echamos 5… si es que no servimos ni para dormir.

- Hay que ver la hora que es… si son las nueve. Y no nos han despertado ni nada. Desde luego esto es para quejarse. ¿Cómo está el servicio?

Que a gustito se estaba en la cama. El sol ya entraba por las ventanas y no quedaba prácticamente ningún participante sobando.

- Mira Alexandra, Juan ya se ha puesto las zapatillas y el dorsal.
- Que va… si se quedó dormido así.




Decidimos entre los tres que ya estaba bien de penalidades y que a Mérida iríamos en coche, que le den al resto de las secciones. Iríamos a desayunar con tranquilidad y si teníamos ganas haríamos la última de las etapas… el Randobike.


La prueba del randobike consistía en que un miembro del equipo corría a pie mientras el otro salía en bici para dejársela al corredor en un lugar predeterminado, en ese punto el que corría se montaba en bici y el de la bici empezaba a correr para cambiar de nuevo más adelante. Nos colocamos en la parte media alta del pelotón, pero en un punto determinado la gente siguió adelante mientras Juan desde atrás corriendo se dio cuenta de un punto de control que el resto se pasó. Me fui directo hasta él y dejé la bici. Empecé a correr sin esperar a Juan, ya me cogería después en el último cambio. De pronto nos encontramos en tercer lugar sin previo aviso. Adelanté a un corredor en el viejo puente romano. Juan me seguía dándome ánimos. Me adelantó para dejarme la bici más adelante mientras él siguió corriendo. Ya no habría más cambios hasta la meta.

- ¡¡ Vamos Juan, que vamos de los primeros !!.

Efectivamente, llegué a meta con la bici, pero como teníamos que entrar juntos me frené en seco en la última curva viendo como Juan se aproximaba con otros corredores que le pisaban los talones. Alexandra, que estaba en línea de meta para hacernos una foto no se lo esperaba… ni nosotros tampoco, pero si llegaba Juan en el puesto en el que iba, seríamos el segundo equipo en la línea de meta. Juan aguantó el tirón y entramos con las manos cogidas y gritando de alegría. Que manera de finalizar el raid, lo necesitábamos después de tantas penalidades.





Sin embargo todo no fue tan bonito, porque no sé que problema hubo en uno de los puntos de control que la organización decidió no dar trofeos ni subir al podium a los equipos que terminaros en las primeras posiciones. Así que nos quedamos sin trofeo y sin podium, pero con la satisfacción de haber terminado el raid con una alegría.







Por la tarde nos invitaron a una comida en el albergue y nos ofrecieron una visita gratuita a los monumentos de la ciudad que no desaprovechamos antes de irnos de regreso a Huelva con la satisfacción de haber aprovechado al máximo esta visita deportivo cultural a Mérida.

jueves 31 de julio de 2008

LUSITANIA 2008




1ª Etapa. Jueves 31 julio 2008. Lagos-Arrifana. 112 kms.

Llegamos a la estación de tren de Villarreal, donde comienza el “caminho do ferro”. Nada más bajar de los coches, la primera en la frente. El Vasco me dice que una biela de mi coche suena mal, que está estropeada.

- ¿Del mío? Po yo no he escuchao na raro.
- ¿Quién te ha vendido el coche?
- Un amigote mío de Valverde.
- Pues con amigos como esos…

Coño que tuve que arrancar el coche otra vez solo para comprobar como los bromistas de José Luis y Jesús se reían a mi costa.

- Vaya parejita. ¿Empezamos temprano eh? Ustedes dos sois unos cabrones por mu temprano que os levanteis.

Al poco tiempo llegó el tren y subimos las bicis. Los vagones eran un poco viejos, pero tenían un compartimento destinado al transporte de bicicletas. Aquí el que viaja en bici lo tiene fácil, igualito que en España, que ven una bici y ya están poniendo malas caras. Nos quedaban unas horas por delante, así que a Jesús, que no idea ná bueno, se le ocurrió la siguiente broma del día.

- Voy a llamar a Angel.
- ¿Que le vas a decir?

- Oye, Angel, que al final Carlos se ha puesto malo y no ha podido venir, así que hemos dejao el viaje pa mañana viernes. ¿Te apuntas?

Al otro lado de la línea Angel, que no se pudo venir el jueves por problemas laborales, vio el cielo abierto y enseguida confirmó que el viernes si podría ir a Portugal. Fue el momento en que todos nosotros a la orden de Jesús le gritamos:

- ¡¡ PRINGAOOOOO !!
- ¿Illo mamones, y pa esto me llamais?

Vaya dos compañeros de viaje que tengo, y eso que todavía no hemos dado una pedalada al aire. La que me espera.



Después de un trasbordo en Faro, que aprovechamos para desayunar, llegamos por fin a Lagos para empezar la ruta bicicletera propiamente dicha. Nuestro destino intermedio era el Cabo de San Vicente y aprovechamos todo lo que pudimos los acantilados para rodar por los caminos que lo bordean, tomando las primeras fotos de las tantas que a Jesús Polaroid se le ocurrieron.



La hora de la comida nos llegó en Sagres, de donde por cierto no es la famosa cerveza portuguesa que probamos en abundancia durante toda la expedición. Una vez alimentados con un buen plato de sardinas por cabeza, hicimos nuestra visita al cabo San Vicente para después cambiar el rumbo de la marcha e ir en dirección norte por todo el parque natural de la costa vicentina. El viento fresquito del noroeste nos acompañó durante todo el día haciendo que la temperatura fuera ideal para la práctica del ciclismo.

Tras un pequeño motín en Odexeice cuando abandonamos al Gurú en su visita a la playa y después de ahorrarnos José Luis y yo tres kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, seguimos la carretera en dirección a Carrapateira. Después de un mes piragüero, cogiendo la bici una vez por semana para pasear, el hombre del mazo me hizo una inoportuna visita en una de las subidas y estos dos que son más duros que dos cuernos de vaca vieja me dieron sendos biberones en forma de barritas energéticas para revivirme un poco. Todavía no hicieron efecto los biberones, porque después de reanudar la marcha tras habernos alcanzado un viejecito que subía andando desde el pueblo, me volvió a pegar un bajón en una parada técnica. Yo solo me quería quedar allí y que me dejaran en paz.

Como pude llegué a Carrapateira donde eché un descansito en una parada de autobús mientras estos dos aparatos se tomaban un cafelito. Decidimos seguir hasta Arrifana para quedarnos allí a dormir. Parece que en lo más difícil, en la subida gorda hasta Arrifana me recuperé un poco y subí dignamente.

Tras buscar y rebuscar alojamiento sin mucho éxito, volvimos al albergue de juventud que había a la entrada del pueblo como última alternativa, donde, gracias a los dioses de los acantilados, pudimos pernoctar.

Que bien nos sentó la duchita y la cena en el restaurante del pueblo donde la “grácil” posadera teutona Frida atendía con amabilidad a todos los comensales. Aunque a algunos más que a otros, porque a José Luis le dejó a modo de pañuelo volandero un clic sujetapapeles que le sirvió para empaquetar los dineros comunitarios. Como la imaginación es libre y gratis, Jesús y yo, además de asignarle al Vasco su sinpar doncella aunque él no quisiera, también elegimos las nuestras, que por supuesto estaban piraditas por nosotros, vamos es que era descarao, igualito que lo de Frida. Acabada la cena dejamos los mundos de yupi y nos fuimos al camastro a descansar nuestras trabajadas piernas y nuestras mentes calenturientas.

2ª etapa. Viernes 1 agosto 2008. Arrifana-Odemira. 105 kms.



La noche anterior, con los agobios de buscar alojamiento para no quedarnos a dormir a la intemperie con una botella de whisky para entrar en calor como nos recomendó un lugareño, no tuvimos tiempo de visitar el pueblo y la playa de Arrifana.

Por la mañana, como nos levantamos temprano y aún quedaba 1 hora para el desayuno, decidimos caminar un poco para hacer la visita y deleitarnos con la vista del pueblecito del acantilado y del Atlántico en todo su esplendor mañanero.

La playa que el día antes estaba poblada de surfistas, hoy amanecía solitaria con dos tiendas de campaña y un velero anclado no muy lejos de la orilla. A un lado de la ensenada, entre acantilados, estaba el pequeño puerto pesquero donde los botes hacían maniobras para entrar por un estrecho paso entre rocas.

Después de la caminata llegamos al albergue a esperar el desayuno. Mientras tanto charlamos un poco con el gerente del albergue, que por cierto hablaba a la perfección el español. La conversación derivó poco a poco en temas políticos ibéricos, momento en el que confesamos la verdad, que en realidad nosotros formábamos parte de una comitiva especial para promocionar la unidad hispano-lusa en una sola nación.

- Pues nosotros creemos que a Portugal le iría mejor unida a España.
- Antes me corto un brazo.
- Pues ahora seríais campeones de Europa.
- Nada, nada, los portugueses tienen que hablar en español, pero los españoles nunca hablan en portugués…
- Pero eso es porque no sabemos…
- A mi el que me cae bien es el Rey Juan Carlos… que cuando viene de visita a Portugal siempre se reserva dos días en privado… tu sabes…
- ¿Y la república?
- Eso es lo de menos… no me importaría ser una monarquía.
- El que no me cae bien es el príncipe.
- Pues Saramago es partidario de la unión hispano lusa.
- ¿Saramago, aquí tenemos muy buenos escritores…como Fernando Pessoa u otros… pero Saramago? Ese es tonto.

A medida que avanzaba la conversación veíamos que no contaríamos con un voto favorable para nuestra causa. Lo dejamos por imposible y nos fuimos a por nuestro opíparo desayuno. Antes de irnos el gerente nos abrió el garaje donde teníamos guardadas las bicis y nos despedimos cordialmente de nuestro enemigo político.



El viento del día antes empezó siendo ideal, para convertirse en un castigo divino. A medida que avanzábamos el viento era más fuerte y siempre de cara o como mucho lateral. Desechamos la carretera principal para coger por caminos secundarios y carreteras comarcales. Así pasamos por un pueblecito precioso llamado Zambujeira do Mar donde conocimos a unas italianas que quisieron pegar la hebra pero que no pudimos seguirles el juego por no abandonar nuestra misión. Por fin llegamos a Vilanova de Mil Fontes donde paramos a comer y a darnos un chapuzón en la playa. Descasamos un poco, Jesús en una toalla prestada, y nos pusimos a dar pedales.





El resto del día tendríamos el viento a favor al dirigirnos al este y con la idea de bordear en paralelo el río Mira suponíamos una etapa llana y fácil, pero con lo que no contábamos fue con la subida inesperada que nos cogió por sorpresa. Fue en las proximidades de Sao Luis, ¿quién había puesto aquí estas sierras? Los dos master50 pusieron el plato chico y allá arriba que se fueron los dos, a cual más cansino, dejándome más tirao que una colilla. Solo me recuperé cuando el terreno se ponía favorable, pero eso porque me esperaban… ¡ Ay, estos dos me van a matar !. Después de esto vimos otro cartel de Zambujeira… ¿pero si ya estuvimos allí esta mañana?. Pero este Zambujeira no era del mar… sería de la huerta.

- Como era el pueblo ese Vasco, Zurrapa de Lomo o Escaramujo del Campo?
- Escaramujo del Campo creo.
- Es que con estos nombres.



Ya quedaba poco para Odemira y solo teníamos ganas de cachondeo. Llegamos a nuestra meta final del día poniendo fin al sufrimiento de viento y cuestas. Buscamos alojamiento, cenamos bien como de costumbre y nos fuimos a la cama.


3ª etapa. Odemira-Portimao. 101 kms.



La última etapa ciclista empezaba bien, bien malamente, subiendo desde Odemira hasta la cima de la sierra de Taliscas, bautizada así sobre la marcha por el pueblo que estaba en la cima. A medida que pasaban los días me encontraba mejor y, como aperitivo a Monchique, me cargué toda la subida a plato grande. No obstante la mosca cojonera del Vasco se me pegó atrás y no había manera de echarla ni con flip. Paramos a reagrupar en Taliscas y saludé a los lugareños, que si no me llegan a responder en portugués, hubiera jurado que me encontraba en cualquier aldea de México. Con ese nombre, esa tranquilidad y esa plantación de maíz junto a la carretera… sólo faltaba el paisano con el poncho y el sombrero mexicano echándose una siestecita en la sombra viendo venir la serpiente y pidiendo el antídoto.

Después de subir, toca bajar, hasta la estación de tren de Odemira… a más de 10 kilómetros de distancia del pueblo del mismo nombre, todo un paseito para llevar las maletas andando mientras admiras el paisaje. Continuamos en paralelo al “caminho do ferro” durante unos kilómetros comprobando que la carretera era más o menos llana como la vía del tren. En Santa Clara a Velha hicimos una parada turística y como no paramos de idear cosas malas, preguntamos si el río Mira era navegable desde aquí hasta Vilanova de Mil Fontes. Pero no había ni que preguntar, porque desde el puente de la carretera se veía el estrecho riachuelo lleno de cañas y vegetación donde no podrían navegar nuestras intrépidas piraguas en una futura expedición.







La carretera empezó a subir nuevamente hasta un avituallamiento que hicimos en una tienda en la aldea de Nave Redonda. Allí en lo profundo del Alentejo, nos sentamos tranquilamente en un bar a tomarnos un “Sumol” mientras devorábamos los plátanos, peras y un melón que nos compramos como combustible. A pesar de nuestras pintas de ciclistas, paró un coche y nos preguntó a nosotros en vez de a los lugareños que ocupaban una mesa junto a la nuestra, por un pueblo de la zona. Y nosotros que habíamos recorrido más kilómetros en Portugal que nuestros oriundos compañeros de mesa, le solucionamos la papeleta como si fuéramos de allí mismo.

Mientras nos avituallábamos empezamos a charlar con los dos personajes que nos acompañaban en el bar. Uno de ellos era mayor, y los dos bromistas de mis compañeros le preguntaron si tenían una nieta para mi, que se la cambiaban por una hermana; el otro personaje era más joven, le pedimos una foto, pero aquello fue demasiado para este hombre que no había pulsado un botón de una cámara digital en su vida.

- Dale al botón, solo aprieta el botón.

El hombre movía de un lado a otro la cámara que tenía pegada al ojo como un búho, intentando ver la escena a través del disparador imaginario que no tenía la cámara digital.

- No hace falta, mira la pantalla, la pantalla.
- Aprieta el botón.

Tras varios intentos el hombre no se atrevió a darle al botón, y nos quedamos sin la foto.

- No es posible, no es posible.

Ay dios mío, en que lugar del profundo Alentejo hemos parado, que este hombre no puede darle a un botón y sacar una foto con una cámara digital. ¿Y así iba a ir este hombre a España a buscar trabajo y a por una mujer?.





Mientras subíamos la Sierra de Monchique recordábamos el momento y le buscábamos trabajo al hombre.

- Si, un trabajo en España decía, pues Rodri está buscando un fotógrafo...

La subida a Mochique desde Nave Redonda era larga pero tendida. Tenía ganas de vengarme del Vasco y del Jesús, así que metí plato grande y me fui alejando poco a poco de ellos. Por fin, mi venganza se consumó, y llegué a Monchique en solitario, los esperé tirado en la hierba descansando. En verdad tampoco les metí mucho tiempo, creo que no llegó ni a cinco minutos, y eso que se pararon en una fuente. Estos dos master50 son mucha tela.

Empezamos a buscar sitio para comer un buen pollo al piri-piri que nos sentó de maravilla. Sobre la marcha decidimos seguir camino hasta Portimao, porque se nos pasó por la cabeza a José Luis y a mi quedarnos esa noche en Monchique. En realidad era temprano aún, y Jesús nos convenció para seguir pedaleando asegurándonos que desde Mochique a Portimao era casi todo bajada. Y así fue, pero con lo que no contábamos era con el calor asfixiante que nos rodeaba, incluso bajando. Como debía de estar pasándolo el ciclista que nos cruzamos en dirección contraria. Se suponía que esta parte de la sierra más cercana al mar iba a ser más fresca, pero todo lo contrario, el aire te quemaba.

- Bueno venga, nos dejamos caer, si tenemos que darle a los pedales nos paramos, ¿vale?

Era la condición que le pusimos al Gurú, y en verdad solo nos paramos una vez para tomar un Sumol, el resto era todo pabajo a excepción de algunas pedaladas para no perder velocidad más que nada.

Entramos por fin a Portimao por la autopista y después de buscar un rato encontramos un hotel. Nos dio tiempo a tomar un refresco en la playa e ir a la estación a preguntar el horario del tren. Desde la parada de taxi después de esperar sin éxito, nos fuimos a la parada de autobús, pero como tampoco venía, nos fuimos a la plaza donde tienen el control de salidas. Esperamos un rato pero aquello fue un lío, no sabemos exactamente que pasó, pero los conductores se bajaron y se reunieron durante unos minutos, ¡¡ parecía una huelga !!. Al parecer los autobuses iban a cambiar sus conductores y sus destinos y aún no sabía ni el inspector de los autobuses a qué hora saldría ni cual sería nuestro autobús. Por lo visto los autobuses tenían que cambiar de color y el nuestro era el morado. Y allí nos quedámos sin saber muy bien que hacer, entre el mosqueo que teníamos mirando a los autobuses como si fueran camaleones, a ver si cambiaban de color.

De vuelta, tras una ducha, salimos a cenar y a pasear un rato por la movida nocturna de Praia da Rocha, donde tuvimos mucho que ver.







Al día siguiente nos montamos en nuestras bicis por última vez, solo para ir a la estación. Desayunamos antes de coger el tren y hicimos nuestro viaje de vuelta a Vilareal vía Faro. En Faro tuvimos que hacer el transbordo de rigor durante dos horas, momento que aprovechamos Jesús y yo para acercarnos al Jumbo, un centro comercial al estilo del Aqualón, pero más grande. A la vuelta nos hicimos amiguetes del “segurança”, que hablaba perfecto el español, ya que como nos contó había pasado mucho tiempo en España trabajando. Hablamos de todo un poco sobre Portugal y España y pronto vimos como este hombre si iba a votar a favor de una unión ibérica… así que aprovechamos la ocasión para reconducir nuestra misión. En un último suspiro antes de subir al tren hacia Vilareal conseguimos un adepto a nuestra causa.

- En el 94 trabajaba en Zamora y ganaba 150.000 pesetas. Ahora en el 2008, en Portugal gano lo mismo. Cuando volvía de vacaciones de Portugal entraba en España y había… otro aire.

Si, definitivamente este hombre es de los nuestros. Podría ser el socio número 4 del PPI, Partido Pro Ibérico. Como ya tenemos presidente, secretario y tesorero, este hombre podría llevar todo el tema de seguridad. ¡¡ Como crece nuestro partido !!.
¡¡ Iberia unida… pero no con Vueling !!

sábado 12 de julio de 2008

Triatlón Kumgang, julio 2008



Los problemas con la configuración del cuentakilómetros que iba estrenando ese día casi nos hace perder la carrera antes de empezar. Este artilugio es imprescidible para la orientación y justo en el último momento antes de montarnos en la camioneta que nos llevaría al Rompido conseguimos con ayuda de JuanOno dejarlo configurado e instalado en mi bici.


La piraguas nos esperaban en la orilla. Cogimos una y empezamos a calentar un poco, practicando el abordaje con algunas de las parejas amigas que competían con nosotros. Saludamos incluso a la expedición bicicletera agonía del sábado sabadete que hacía un alto en el camino en el puerto deportivo del Rompido.


Nos preparamos para la salida. Todas las piraguas reculamos hacia las piedras del puerto. Alejarnos un poco de la aglomeración nos resultó de gran ayuda, porque aunque estábamos un poco retirados, nos sirvió para remar sin estorbos y colocarnos en primer lugar.


Dos piraguas remaban por el exterior mientras nosotros nos dirigíamos por el interior de la isla que se forma antes de doblar hacia el Terrón, arrastrando así a la mayoría de la expedición.


- DaniH2O: ¿Por donde es Carlos?

- Calandraka: Puedes coger por fuera o por dentro.

- DaniH2O: Yo cojo por donde tu vayas.

- Calandraka: Pues por aquí.


La pareja Fabio-JuanCarlos nos coge la aspiración y se colocan cómodamente detrás nuestra.


- ¡¡ Pasad palante y dad un relevito rémoras !!

- Con lo bien que se va aquí.


Nos dieron un relevo, pero en un cambio de ritmo se alejaron un poco. Los 10 kilómetros de remo son muy largos y empezamos a remar con un poco de cabeza. Poco a poco las cosas se fueron poniendo en su sitio, pero aunque nos pasaron varias parejas, conservamos un buen puesto en la carrera entre los diez primeros, eso si, alejados del grupito de cabeza.


Entre los que se alejaban estaban una de las parejas del Triatlón Punta, los reketes Cozi-Mané, DaniH2O y su compañera… pero lo peor de todo llegó al doblar hacia el Terrón en dirección norte. ¡¡ Que bofetá en toa la cara !! Aquello no era una galerna del cantábrico porque estábamos en las marismas de Cartaya… hacíamos hasta caballitos en las olas. Recuperamos un poco de terreno alcanzando de nuevo al equipo Fabio-JC. Mientras la mayoría navegaba por la margen derecha en dirección a Cartaya, nosotros nos refugiamos entre las embarcaciones amarradas en el puerto del Terrón y seguimos por la margen izquierda pegados a la orilla, donde el viento hacía menos daño.


Gran parte de la carrera en el agua (y después en la bici) la hicimos juntos Fabio-JC y Calandraka-Coleta. Somos amigos pero la competi es la competi, así que empezamos con la guerra psicológica.


- Coleta: ¡¡ Fabioooo, rema !!. Va dejá ar chavá solo remando.

- Calan: ¡¡ Juan Carlooooo, que estás remando tu solo!!. Dile a tu compañero que reme un poco.


Nuestra intención era crear la discordia y el enfrentamiento interno en la piragua contrincante y provocar un motín haciendo creer al de proa que el de popa no remaba, pero no tuvimos mucho éxito. El grupo de cabeza estaba lejos, pero por detrás tampoco se veía a nadie. Del David-Conde ni rastro, perdidos en el agua, perdidos en la tierra, en fin un desastre. Solo una pareja a unos 100 metros se acercaba peligrosamente hasta que nos pasó. No intentamos ni seguirles el ritmo, pero al adelantar a la pareja Fabio-JC se pegaron como lapas hasta la meta consiguiendo sacarnos unos 50 metros de ventaja.


Nos metemos por fin en un recodo de la marisma que conduce al embarcadero. Por fin se termina el infierno… acabamos la piragua en el puesto nº 12 con un tiempo de 1 hora y 46 minutos. Empezamos a correr viendo delante nuestra a Fabio y Juan Carlos por las calles de Cartaya.


Atravesamos el pueblo de parte a parte, desde el embarcadero hasta el salón de exposiciones donde estaban los boxes. Salimos juntos las dos parejas y rodamos en bici juntos hasta el puente de la vía verde, entrando en el enduro de Cartaya, donde estaba el primer control de la bici.


Seguimos por el enduro hasta que empezamos a ver gente desorientada, entre ellos, DaniH20 que salió de los primeros en la piragua con su compañera. Volvimos atrás, deshaciendo el camino, y otra vez adelante.


El plano confundió a mucha gente. Lo que parecía un puente en el croquis en realidad no era un puente y la gente buscaba un control antes de pasar por él. En ese punto nos juntamos un buen pelotón de gente que no sabía qué hacer, incluso Fabio-JC se separaron de nosotros y siguieron al pelotón en la dirección errónea. El camino correcto había que seguirlo interpretando literalmente la dirección y la distancia del plano. Lo del dibujo no era un puente sino agua, el agua del canal, y el control no estaba antes del puente, sino que había que atravesarlo. A partir de ahí todo fue mucho más fácil. Encontramos por fin el control nº 2. Del control nº 2 al nº 3 el terreno arenoso nos dificultó bastante el pedalear, pero la dirección era la correcta. Ibamos solos, demasiado bien. Tanta era la convicción de que solo nosotros habíamos encontrado el buen camino que al llegar al control nº 3 le pregunte a la organización:


- ¿Somos los primeros?

- No, los quintos.


Nos acercábamos al control nº 4 donde comenzaba otro tramo de carrera a pie. A lo lejos se veían dos ciclistas… eran los reketes Cozi y Mané, ya los tenemos, pensé para mi… pero ellos ya habían terminado la carrera a pie, mientras a nosotros nos quedaba un kilómetro de pateo por delante.


- “Antes muertos que dejarnos coger”.


Fue el grito desafiante del Cozi mientras se montaban en la bici y nos veían alejarnos corriendo por el camino. Volviendo desde el punto más alejado hasta donde dejamos las bicis nos cruzamos con la pareja Sergio-Gabriel, que por cierto llevaban un gran ritmo corriendo, y otra pareja cartayera.


Tras una pausa dudando qué dirección seguir lo vi claro y le dije a mi compañero que me siguiera. La vuelta en bici ya sería hasta Cartaya sin ningún control, a una velocidad vertiginosa con terreno y viento favorables. Perfectamente coordinados con los parciales de distancia de mi bici y el croquis que llevaba el Coleta nos acercábamos al pueblo a marcha forzada.


No pudimos finalmente coger a los reketes, aunque al mirar atrás vimos a una pareja que se acercaba. No sabíamos si estaban en competición o no, pero nos puso el cuerpo malo.


- Coleta, que vienen dos tíos por detrás.

- Nos cojen, nos cogen.

- Aprieta.

- La meta está ahí.

- Ya no nos cogen, se han quedao, ya estamos ahí Antonio.


Efectivamente no era ninguna pareja perseguidora, y si estaban en competición, se habían saltado algún control fijo, porque no era ninguna de las parejas que nos cruzamos corriendo en el último control.


En la línea de meta nos esperaban Cozi y Mané, no se si descansando del esfuerzo o regodeándose de su victoria en el duelo particular rekete-agónico. Le dimos deportivamente la enhorabuena por el 4º puesto. En cuanto a nosotros, que contamos los trofeos por participaciones en este triatlón, terminamos en 5º lugar con 3 horas y 40 minutos. Y es que, ¿ que es un triatlón kumgang sin la pareja agónica Calandraka Coletera ?.

sábado 24 de mayo de 2008

Sierra Nevada Límite 2008




Los agonías empezamos la carrera sin agonías, osea, muy tranquilos. Encontramos a Criskona parado en el primer avituallamiento pero aún era muy pronto para nosotros y pasamos de largo. Hasta Cenes de la Vega nos unimos los tres en bajada casi perpetua, aunque había algunas subiditas que te cortaban el ritmo, como la del cementerio de Monachil, donde te daban ganas de hacer una parada casi perpetua.

Tras el toboganeo y una vez cruzado el río Genil, llegamos al control y avituallamiento que está antes del pueblo. Aunque nosotros lo transformamos en unos boxes propiamente dichos, porque empezamos a soltar la ropa de abrigo que llevábamos y ponernos otra ropa más veraniega para el resto de la carrera. Allí estaba la Txarini con la que habíamos quedado previamente para recoger todo el material.

En directo, cual estrellas mediáticas, nos cambiábamos de ropa mientras concedíamos alguna entrevista para la televisión local. Mientras tanto Criskona, que solo dejó un buff, se fue palante mientras Claudio y yo nos lo tomábamos con más tranquilidad.



Dejamos las calles del pueblo y nos metimos de lleno en la trialera que conduce a los llanos de la perdiz. No me encontraba del todo bien, no cogía el buen ritmo y puse el pie a tierra un par de ocasiones mientras Claudio esperaba paciente detrás mía. En vez de ir directamente hacia el camino sobre el barranco, este año nos encontramos con una variante en la carrera. Nos hicieron subir por un sendero a patas, donde por cierto casi se despeña Durita Holm, que se cayó de la bici y rodó unos metros ladera abajo.

Una vez arriba en los Llanos de la Perdiz me encuentro a Quique de los mákinas meando encima de la bici, recreándose el nota en el dibujo en plan artista callejero. No lo adelanto por si salpica, pero una vez terminada la micción sigo adelante dejándolo atrás en la bajada desde los llanos de la perdiz, adonde subiremos nuevamente por el camino conocido de ediciones anteriores.

Después del avituallamiento tiramos pabajo por la trialera, con más piedras que una cantera y después de jugarnos el tipo vemos como un nota se incorpora al camino pero viniendo de una pista llana como un plato en vez de arriesgarse a partirse los cuernos por la trialera. ¡ Qué bonito !. Como lo descubrimos in frangati y miré para atrás para verle el dorsal, el nota se excusó diciendo que se había equivocao de camino. De todas maneras lo dejamos atrás, así que nos olvidamos pronto de él.

El tramo comprendido entre esta trialera y el embalse de Quéntar es una de las zonas más chungas de la carrera. En una de las subidas adelantamos a dos máquinas y al Criskona al que por fin le dimos alcance. Al parecer no iba muy bien, o nosotros íbamos de lujo, porque lo pasamos sin posibilidad de que nos cogiera rueda.

El que iba fuerte era Claudio, que se me aleja en las subidas, no se si porque yo no podía ir más fuerte o porque inconscientemente me estaba reservando para la pared de 20 kilómetros que nos esperaba dentro de poco. De todas maneras siempre lo tenía a la vista. Empezando la gran subida desde Guejar Sierra lo llevo unos 10 o 15 metros por delante.

Poco a poco le voy recortando a cada pedalada hasta que lo cojo, le entra un bajón y va medio mareao según me cuenta. Antes de alcanzar la carretera cogemos a Paco Acoarenático. Una vez en el asfalto me toca a mi sufrir un poco con los temidos calambres en los abductores. Le invito a Claudio a parar un poco y estirar. El Paco se aleja de nuevo, yo me quedo estirando más de la cuenta y Claudio se va alejando con el típico “me voy despacito palante”.

En la carretera nos anima la gente. Un paternito con su maillot pero sin bici nos alienta: “Venga la gente de Huelva”. Otro animador nos reconforta:

- Venga que ya queda poco.
- ¡ No me engañes !.

Para mí empezó un tramo chungo con los calambres, me paré unas 4 veces para estirar, cada vez que me paraba me montaba de nuevo e intentaba apretar para coger a Claudio que seguía “palante despacito”. Un tío que venía conmigo me vio parao en la carretera intentando estirar: “Si es que vas a tirones”, me decía el compañero. Cada vez veía más difícil llegar juntos a meta.

Otra de las veces que tuve que parar obligatoriamente me tiré al suelo, mientras dos notas de la organización se paraban con su quad para interesarse por mi salud.
Javi Beathino me ve de lejos en el asfalto padeciendo y me grita. ¡! Calandrakaaaaa ¡!.
También me pasa. Me recupero un poco, voy con el platillo chico, me levantaba, apretaba y me sentaba. La cima se veía en lo alto, y en las curvas veía a lo lejos a Claudio. Por detrás me alcanza JLuis que se fija en mi dorsal y me grita. ¡¡¡ 333, la media bestia !!!.

Corono por fin, llego al último control y ahora solo quedan casi 4 kilómetros de bajada. Meto plato grande y aprieto con cuidado de no hacer ningún gesto raro. ¡¡ Tengo que coger a Claudio y llegar juntos !!. Era mi única obsesión en ese momento. Ya queda menos, lo veo a lo lejos. Aprieto en el último repecho de los aparcamientos de Pradollano y lo cojo a él y a Javibetahino que lo acompaña.

- ¡¡Que alegría!! , creía que estabas todavía tirao por la carretera por los calambres….
- Quillo, he apretado en la bajada, creía que no te cogía. Anda, pasa delante mía.
- Es igual hombre, que más da.

Y entramos juntos en la meta. Si sigue así, Claudio puede ser mi nueva pareja de maratones de MTB, le voy a tener que poner los cuernos al Coleta. La vida es dura… como la Sierra Nevada Límite.

sábado 10 de mayo de 2008

Duatlón de Ronda 10may08



Llegamos temprano al estadio y nos metimos en el cajón. Nos colocamos juntitos Criskona, Artefacto y yo. Jesuli se quedó un poco más cerca de la línea de salida. Se le veía con ganas de hacer algo y convencido de lograrlo. Pasamos una hora y media de frío y ya solo deseábamos empezar a pedalear. Bueno, en realidad yo deseaba también hacer algo antes de pedalear, de hecho me puse el culote sin las tirantas pensando en una evacuación forzosa de última hora. En la salida neutralizada nos separamos los miembros del Onuba Team Ronda y el pelotón se agrupó de nuevo en la salida oficial. Esta vez no pudimos estar juntos, aunque los tres mantuvimos contacto visual entre el gentío. Nuevamente Jesuli consiguió un puesto casi de Pole Position.

El estadio se libró de mi, pero la espera de la salida oficial me vino de perlas para consumar el repugnante proyecto que tenía en mente. Junto a la valla, justo al lado de la carretera, porque no había otro sitio, consumé el acto. Las caras de asco no las vi porque me puse mirando pal norte pero el murmullo se hacía cada vez más evidente en el pelotón. Si alguien probara a cagar delante de 3000 tíos podría escuchar las lindezas que me dedicó el pelotón:

- Ciclista nº 1: ¡¡ Ostias el nota como caga !!
- Ciclista nº 2: ¿Quillo ompadre que has comío?
- Ciclista nº 3: Como come el mulo…caga el culo.
- Ciclista nº 4: ¡¡ Oh, my god !! - (este no era de aquí)
- …
- Ciclista nº 2999: Ahhh, qué ascoooooooo…
- Ciclista nº 3000, dorsal 6096, Calandraka: Lo siento pero es una emergencia.

Que poquísima vergüenza hay que tener, pero que a gustito me quedé. Aunque en la salida oficial cada uno tiró por su lado, a unos 10 kms de carrera coincidimos todos los miembros del Onuba Team Ronda menos Jesuli que iba de los primeros. Antes de entrar en el bucle del recorrido bicicletero, Criskona fue el primero en alejarse con su doble. ¡ Como me acordé de mi Anthem doble en la mayoría de las zonas del recorrido. El artefacto se quedó algo retrasado y yo en medio. El contacto visual no lo perdimos aún durante algunos kilómetros.

Iniciamos el descenso por la carretera comarcal a Arriate, pasamos por el pueblo y volvimos al campo donde nos esperaba a lo lejos la subida trialera. De vez en cuando miraba atrás buscando a mi compañero, viéndolo en algunas de las revueltas de la subida. Mis problemas con los cambios no me dejaban más opción que usar plato chico en las subidas más fuertes, además los 2 piñones más pequeños los tenía de adorno.

En uno de los avituallamientos me lo tomé con tranquilidad dándole tiempo al Artefacto para contactar conmigo. Lo esperé a que se avituallara, pasándole algunas barritas que me pidió. Me confirmó que no iba bien.

- No tengo chispa.
- Vamos, sígueme.

Aún en las condiciones que iba Cristóbal era un buen compañero de carrera. Intentaba tirar de él todo el rato mirando continuamente atrás por si se quedaba. A veces se formaba algún grupo, sobre todo en el llano e intentaba seguir el ritmo a duras penas.

- Sigue tu si estás más fuerte.
- Tu tranquilo, pégate a mi rueda.

Nos llegó a coger por detrás Peralta y su marido. Yo iba bien y en ese momento intenté tirar un poco de Cristóbal. Como luchador nato que es me siguió aún no estando en su mejor momento de carrera. Poco a poco se fue recuperando en las subidas, aunque al finalizar las mismas y llegar a un tramo de bajada yo siempre intentaba pegar un arreón y ponerme delante suya para arrastrarlo en la bajada y alejarnos de los ciclistas que rodaban con nosotros. Dejamos atrás nuevamente a Peralta y compañía aunque no pudimos seguir a un tándem que nos pasó en una pista llana como un cohete.

A pesar de eso pasamos a varios duatletas. Cada vez que veíamos un corredor con un dorsal 6000 nos poníamos en guardia, a los solo-bikers casi los ignorábamos. Pasamos a un duatleta conocido de Cristóbal, un tal Claudio que el año pasado hizo un 7º puesto. A pesar de todo no íbamos tan mal. Vimos otro seismil a unos metros.

Nos acercamos. Sin mirar atrás a Cristóbal le hice la señal mágica. El gesto de mi mano dando el jachazo fue entendido a la perfección por mi compañero y le quitamos las pegatinas al pasar para no darle la más mínima esperanza de cogernos la rueda.

Bajada a Montejaque por roderas de automóvil … peligrosa y rápida… otra vez pego un tirón antes de empezar a bajar para entrar primero en la bajada… detrás mía se coloca un Califa cordobés y justo detrás Artefacto…

Estamos llegando, que poquito queda, el Artefacto se ha recuperado bien y ahora soy yo quien empieza a flaquear con algunos amagos de tirones en los cuadriceps. Empieza a llover, la cosa se pone chunga. Ya pensamos en el infierno que nos espera corriendo bajo la lluvia y enfangados hasta los ojos. Atravesamos el cuartel y bajamos la carretera hasta la zona de transición. Afortunadamente paró de llover. El agua no nos había calado. Entramos en los boxes, la Mérida de Jesuli está la 5ª por orden de llegada. La de Criskona está también entre las 10 primeras, mi Kona y la Specialized del Artefacto ocupan las posiciones 12 y 13 respectivamente. Miré mi cronómetro y marcaba 3 h 26 minutos. Jesuli ha volado y Criskona al que no le pudimos dar alcance en los 78 kilómetros del primer sector resultó entrar unos 4 minutos antes que nosotros.

La idea de cambiarse de ropa que rondó por algunos miembros de la expedición onubense se vino al traste con las ansias de salir pitando. Si ya lo sabía yo, la competición la llevamos en la sangre y no paramos ni para respirar.

Comenzamos a correr. Nos pasó Peralta y su gregario animándonos al pasar: “Vamos campeones”. Empezamos a subir la ermita. Los cuadriceps me avisan de que sería bueno parar un poco y estirar… pero los riñones no me aconsejan nada, simplemente me dan la orden de STOP.

- Cagon tooo. Quillo sigue tu palante Cristóbal.
- Venga, voy trotando despacito.

¡¡ Ay despacito !!. Hijo la grandísima. Como escarbaba patrás el hijoputa. Poquito a poco se me alejaba, me miraba atrás de vez en cuando. Yo no me podía poner en posición vertical. Iba andando parriba con las manos en las rodillas y con el pulgar apretándome los cuadriceps doblaito como una alcayata.

Me adelantan duatletas a cuentagotas pero sin parar, uno detrás de otro, voy perdiendo posiciones. Sólo adelanto a algunos ciclistas que suben andando, e incluso a algunos que suben montados. Me fui acercando a uno de estos ciclistas lentamente pero sin pausa. Cuando lo tuve al alcance de mi brazo le di un manotazo a la rueda trasera jugueteando con él “cual guepardo que derriba a esa cría de gacela con la zarpa para que sus cachorros practiquen el cruel juego de la supervivencia” (Momento patrocinado por Canal Odisea). Quitas la gacela y el guepardo y el Masai Mara y pones el biker, el Calandraka y la subida de la ermita y es igualito. La única diferencia es la velocidad. A medida que lo adelantaba me dio un poco de pena y lo empujé con la mano. Al notar la mano milagrosa no pudo contenerse:

- ¡¡ Me estas dando la vida !!. ¿Te hace falta algo? ¿Quieres agua?
- No gracias… vamo parriba…

Después de los tramos duros llegó el rellano hacia la bajada del empedrado. Un espectador me animaba diciendo que iba de los primeros y que no me seguía nadie, pero al volver la vista atrás había otro duatleta al acecho que al poco tiempo me pasó. Bajé el empedrado, bebí isotónicos en el avituallamiento y una naranja y enfilé la carretera en bajada hacia Benaoján. Los riñones ya no me dolían y los cuadriceps aguantaban… me iba sintiendo mejor a cada kilómetro de carrera, y más cuando me metí en el campo otra vez.

En el estrecho sendero frente a la Cueva del Gato voy bien, al ritmo de las bicis o más rápido que ellas gracias al fango y las piedras mojadas que eran un peligro para las ruedas, e incluso para los zapatos. Alcanzo la carretera y llego al último avituallamiento del recorrido a pie donde los legionarios me animan entre bromas. Entro en la pista y un hombre me dice que sólo me quedan 2 kilómetros.

Unos metros más adelante le pregunto a otro hombre si queda mucho para confirmar al anterior. El nota va con una azada en la mano y ni me contesta. ¿Unos 2 kilómetros no?, le insisto. Sigue sin contestar. ¡¡ Oh my God !!, este tío no es de aquí. Además va armado, me voy corriendo.

Me acerco a la zona de transición, todavía hay duatletas y ciclistas subiendo hacia la ermita. Ahora mismo, montarme en la bici para mi es una liberación, así que estoy deseando cambiarme de zapatos, ponerme el casco y … empezar a subir por el empedrao del cachondeo. Tengo que estar muy mal de la cabeza para desear esas cosas. En realidad tengo que estar muy mal para venir aquí.

Empiezo a adelantar a ciclistas sin conocimiento y a algún que otro duatleta. Alcanzo a un 6000, lo adelanto pero me vuelve a pasar:

- El año pasado lo pasé mal, hice más de 8 horas.
- No te preocupes, esta vez bajamos de las 6 horas.

Alcancé a otro duatleta y esta vez no me siguió. El empedrao se iba acabando y llegaba el asfalto. La meta estaba muy cerca y la gente animaba por las calles. Yo ya solo deseaba que no se me partiera la cadena. Entré en meta. Mi tiempo, al igual que todos los demás componentes del Onuba Team Ronda fue excelente. Jesuli y Criskona subieron al podium en categoría senior, primero y tercero respectivamente. Yo y el Artefacto hicimos muy buenos puestos en categoría veterano y en la general, el Artefacto adelantó finalmente al Criskona y en lo que a mi respecta, mejoré mi posición en la clasificación y mi tiempo del año anterior en más de media hora. Que coraje me dio pensar que el año pasado con las 5h46m me hubiera subido al podium.



Este equipo de mentirijillas no tiene límites de verdad. El año que viene igual nos lanzamos a por los 101 kms marcha… ¿o repetimos el duatlón?. Ya veremos, el caso es sufrir.

Datos del crono: 3h26m (78kms. 1ª transición) / 5h15m (+16kms. 2ª transición) / 5h46m (+7kms.tiempo total meta)

sábado 3 de mayo de 2008

Maratón MTB Valverde 2008



La maratón de Valverde de 2008 fue atípica para mi en sus comienzos y en su final. En todas las maratones empiezo fuerte y termino penando prácticamente. Esta fue distinta. Como el año pasado, salí con mi compañero de equipo Antonio alias el Coleta pero este año, además de la pareja fantástica, en el grupo inicial iban los agonías Claudio y David, con lo que el ritmo inicial era más moderado, cosa que me convenía para terminar dignamente.

En la primera subida gorda Bea rodaba a mi par mientras yo no dejaba de mirar atrás para no alejarme mucho de mis compañeros de equipo. Y como quiera que íbamos subiendo, tanto ella como yo íbamos sufriendo un poco, momento que aprovechó la mujer para echarme en cara que yo tenía la culpa de ese sufrimiento.

- ¡¡ Tu tienes la culpa !!.
- ¿Bueno, pero ahora estarás contenta no?
- Pssss, bueeeeeno….

Que dura es la vida. Uno intenta inculcar a las personas las buenas costumbres y la afición al montanbai y así se lo agradecen. En fin, que se le va a hacer, yo lo hice con la mejor intención.

Empezamos la primera bajada medio técnica de los Herretes. Los paket… digooo, mis compañeros de equipo no aparecían, así que seguí con Bea que rodaba justo delante mía. Terminada la bajada de los Herretes, comenzaba la segunda bajada técnica con final en un arroyo. De pronto aparecen por detrás Coleta, Claudio y David.

- Vamos paketeeee. – me grita el Coleta al pasarme.
- Pero si os estoy esperando. ¡ Como caiga a la Bea te doy encima Coleta !.

Le grité a mi compañero al adelantarme a mi y a mi compañera de ruta en esos instantes. Al pasarme los tres agonías los seguí en la bajada pedregosa dejando atrás a Bea… por poco tiempo.

La subida a la casa de la milana bonita, donde el camino termina en una pista ancha en bajada rápida a la derecha, me separó definitivamente de mis compañeros de equipo. Ya en la pista Bea siguió adelante y yo seguí bajando con mi estrategia de no forzar en exceso. Así que mi nuevo compañero de ruta fue Rubén el alcoleano. Me adelantó en una de las curvas… la más cerrada que había. Mientras me adelantaba le advertía cada vez más alto:

- ¡¡ Cuidao con la curva. Cuidao con la curvaaaaa. CUIDAO CON LA CURVAAAA !!

Si yo me llevé un buen susto, ¿ qué susto se llevaría Rubén? El nota hizo un recto con la bicicleta que no atendía a frenos ni a giro de manillar. Terminó levantándose la bici de atrás con la rueda delantera derrapando hacia el barranco. Milagrosamente se quedó casi sentado en el borde de piedras de la pista y no cayó más abajo. Paré mi bici y miré atrás.

- ¿Estás bien?
- Sí. No ha pasado nada.

De hecho no pasó nada para lo que pudo haber pasado. Tenía el culote roto y arañazos desde el tobillo hasta la cadera, pero pudo seguir. Dos RacingBikes de Córdoba que venían detrás nuestra también vieron la jugada y uno de ellos nos aconsejaba “Tened cuidado hombre… que hay más días”.

En la posterior subida Rubén alias el Palomo se adelantó un poco y otro Rubén, esta vez con perilla y vestido de agonía me adelantaba, pero al coronar la cumbre, en vez de seguir la ruta larga se desvió por la corta despidiéndose de mi. El muy joío está fuerte para terminar la larga pero no se atrevió. David finalmente hizo la ruta corta y Claudio rompió la cadena varias veces. A los únicos agonías que no vi en carrera fueron al Paquito, que también hizo la larga, y al Vera, que resistió a la llamada de la carretera negra y terminó también la ruta larga sin el desviador de la cadena.

Esta carrera ha sido la de las pájaras mentales. Valverde es una carrera muy dura y hay que dosificar. El solo pensamiento de todo lo que queda por delante te hace dudar si terminar o retirarte si no andas muy fino. Hasta gente que está fuerte abandona o cae en el desánimo, son los casos del Conde, de Dani o del Pantera.

Al Conde me lo encontré a mitad de carrera abandonando porque según él llevaba el desviador “a la virulé”, no se si era un problema tan grave como para terminar o no, pero el simple hecho de esa desventaja en una carrera como Valverde es suficiente como para que se te pase por la cabeza abandonar. Quizás la solución hubiera sido quitar el desviador como el Vera y terminar como un machote. Aunque también es verdad que no es la misma la desilusión de un corredor que va a disputar los primeros puestos y que se ve de pronto sin posibilidades que otro corredor que solo quiere terminar.

Otro biker que abandonó fue el Dani Danobanano, ahora en las filas de Cocinas Muñoz. Lo vi bajando a patas el cortafuegos, y andando bajó hasta el abismo y allí mismo se retiró de la carrera. Un ciclista acostumbrado esta temporada más que otra a la bicicleta de carretera y que está fuerte, no le vino bien según él los cambios de ritmos y desarrollos de la bici de montaña.

En la bajada del cortafuegos me seguía de cerca Criskona.

- Que bien bajas Calandraka.
- Tampoco te veo yo torpe bajando, no.

Y entre piropos mutuos hicimos la bajada adelantando a gente que iba andando, aunque sorprendentemente se quedó detrás en la subida a Peñas Blancas y ya no lo vi más.

En el avituallamiento del cortafuegos, Marín de Km0 me echó lubricante en la cadena y me encontré de nuevo a Jesuli. Ya lo había visto antes en el avituallamiento del Pozuelo y le pregunté que le había pasado pero no me enteré muy bien.

- ¿Quillo, que haces aquí? Por qué no estas en carrera.
- Cierra los ojos y abre la boca.

Y diciendo esto me metió una naranja en la boca dejándome sin palabras. Aguantándome en equilibrio mientras me calzaba los pedales automáticos me metía un plátano… en el maillot, y me dio un empujoncito para ayudarme a iniciar la primera rampa de Peñas Blancas.

Otro que me encontré con la moral baja fue el Pantera. Me sorprendió cuando lo vi iniciando la primera rampa de Peñas Blancas, justo al salir del avituallamiento del cortafuegos:

- ¡¡ Pantera !! – le grité por la espalda - ¿Tu eres el Pantera?
- Si.
- Te veo desanimao. ¿Que te ha pasao?

Me explicó que rompió la cadena y que había perdido mucho tiempo hasta que alguien le dejó la herramienta para arreglar la avería. Le dije que tal como iba con el bajón, igual hubiera sido mejor que no le hubieran ayudado.

- Maldita la hora en que se paró el nota a dejarte el tronchacadenas, no?.
- Como lo sabes.

Lo decíamos por supuesto de broma, sin saber yo que el biker que se paró solidariamente a dejarle el tronchacadenas fue Rubén el alcoleano, el mismo que casi se despeñó en la curva cuando rodaba conmigo.

Casi arriba de Peñas Blancas miré atrás a lo lejos. Distinguí en la distancia la figura del Coleta. Le grité.

- ¡¡ COLETAAAAA !!
- ETAAAA, ETAAAA, etaaaaa… - me respondió el eco –

Subí despacito. Por mis problemas mecánicos con la combinación del plato mediano y los piñones grandes, me veía obligado a usar el plato chico en casi todas las subidas. Pero una vez arriba metía más desarrollo sin problemas. Dejé atrás definitivamente en esos instantes al Pantera, a Juan Ono de los acoarenáticos y a una pareja de monjes que rodaban juntos.

Por fin llega el temido Angliru. Inicio las primeras rampas con la idea de que al llegar a la parte más dura me bajo de la bici a las primeras de cambio. Este año no quiero que me pase como el año pasado que descabalgué por culpa de un calambre y me quedé en el suelo hecho misto. Así fue. Me bajé sin remordimiento alguno. Escuché atrás una voz quejumbrosa, casi agónica:

- Agoníaaaaaaaaaaaaa.
- ¿Quién anda ahí?

Me sonaba la voz. Era un malagueño que ya me había llamado una vez antes con la misma voz penosa al ver el nombre de mi equipo en el maillot. Sin duda le había llamado la atención el nombrecito, precisamente lo que estábamos viviendo en esos momentos, una agonía. Todavía no había acabado el Angliru y me encontré con un biker caballa. Como siempre que veo a un ceutí, no perdí la ocasión de preguntar por Antonio Ponce, Su Majestad el agonía caballa, y el chaval de Ceuta, un tal Manuel alias máquina con dorsal 172, me comentó que lo conocía y que le daría recuerdos.

Terminé el Angliru sin calambres. Me monté poco antes de coronar. Seguí a buen ritmo. ¿Que viene ahora, el Manzanito?. Pues a por él.

A los siguientes bikers conocidos que me encontré fue a Charly American al que le pregunté si el ciclista que se veía a unos 50 metros delante era el Gonzalo de Cocinas Muñoz.

- Creo que sí.
- Hijoputaaaaaaaaa. –empezamos a insultarlo en la distancia cariñosamente a ver si reaccionaba y nos respondía-
- Cabronazoooooo.
- ¿Seguro que es él?.

Si era él. Nos unimos los dos Cocinas Muñoz, otro chaval conocido del Charly American y yo. Rodé con ellos un poco pero me dijeron que no se iban a enfadar ni me iban a dejar de hablar si yo tiraba palante y los dejaba atrás. Así que me fui sin remordimientos.

Después del Manzanito no quedaba ni mucho menos un paseo hasta Valverde. Tras la bajada rápida y después de cruzar la ribera de Valverde quedaban los toboganes de la muerte. En una de las subidas me paré a estirar antes de que me diera un calambrazo mortal. Aproveché para estirar y mear de pie a la vez. Me monté y seguí a buen ritmo. Veía detrás mía de vez en cuando a un acoarenático. Yo pensaba que podía ser Juan Ono o Criskona. La verdad es que hice todo lo posible para que no me alcanzara. No me alcanzó pero al final resultó no ser ninguno de los dos. Era un master 40 por lo menos al que no conocía pero fue como la mosca cojonera que me dio un poco de vidilla en el tramo final de la carrera. Tramo final de carrera que hice adelantando gente a plato grande hasta la meta.

- ¡¡ Agoníaaaaaaaaaaa !!.

Escuché una voz conocida, quejumbrosa y agónica de un malagueño mientras charlaba con la gente que cruzaba la línea de meta.

domingo 30 de marzo de 2008

Maratón MTB Bollullos. Lloran los pinos del Coto despidiendo al Coleta (30mar08)




Comienza la salida neutralizada y algunos dan ventaja desde el principio, como el Artefacto que sale pinchado y pidiendo bomba desde la primera pedalada. Aunque me enteré más tarde que otros, como el RKTCozi, también lo imita. No obstante consiguen llegar con ayuda de los guías moteros al kilómetro cero antes del comienzo de la carrera.

En la salida se forma un gran pelotón que se mantiene unido varios kilómetros con la excepción de un escapado, que a lo lejos parece ser el palmerino. Poco a poco se van formando dos grupos y me quedo en el segundo. La carretera se convierte en pista y atravesamos la autovía. Aquí me noto un bajón y por detrás me coge el Coleta que viene en grupito y me dice en plan recochineo: “No mire patrá, nooo”. Esta carrera le venía mejor a él que es más carretero y yo pensaba que me pasaría y me dejaría atrás fácilmente en las condiciones que estaba en ese momento, pero no sucedió así, me uno al grupo y me recupero milagrosamente. Rodar en grupo es como el Red Bull, te da alas.

Llego y salgo antes del primer control y entramos en zona de senderos con mi compañero de equipo justo detrás. Cuando el sendero se ensancha me adelanta y se me aleja unos metros, justo la distancia para ver con tranquilidad y algo de guasa como en un bache casi descabalga, estirando las dos patas para mantener el equilibrio sobre la bici, cual cigüeño patilargo. ¡ Coletaaaa, que te vas a mataaaaaar !.

Entramos en una zona de arena donde un cartel de la organización nos anuncia que comienza el Dakar aunque bien podría ser la raya real. ¡ Sólo he visto tal cantidad de arena junta en la playa !. Una vez que salimos a una pista de tierra compacta, nos unimos todos los que íbamos penando por el infierno de arena y formamos un buen grupo con JuanBtt, Humberto, Coleta, Domingo de San Bartolomé, un paternino y otros dos ciclistas.

Primero es Humberto quien se entrega más, pero después comenzamos a funcionar bien dando relevos entre todos aumentando el ritmo. En una ocasión vamos tan juntos que JuanBtt que rodaba primero, seguido de Humberto y de mi, hacemos un afilador triple del que nos escapamos por poco de besar el suelo. El coleta que rueda cuarto en esos momentos confunde el ruido de las gomas con el pitido de un coche:
- ¿eso que es una bocina?
- Que no Antonio, que casi nos la pegamos, que han sido las ruedas.


Delante vemos a dos monjes, Caito y otro más y decidimos ir a por ellos. Nos acercamos bastante en un nuevo tramo de arena pero es demasiado corto y al comenzar la pista se alejan nuevamente poco a poco. El coleta me aconseja que me reserve un poco y además me da un infisport que consumo de inmediato con un poco de agua. Eso es un compañero de equipo y lo demás es cuento. Parece que el paternino que rueda en nuestro grupo da relevos más parecidos a pequeños palitos que otra cosa, pero respondemos bien y no se escapa.

Llegamos al kilómetro 50 y mi reloj marca 1h54m, en esos momentos la media es de poco mas de 26 km/h. Pasamos el control doble y Humberto sigue tirando con fuerza, desde atrás viene JLuis y nos pasa, solo le sigue Hbo. El Coleta va con amagos de calambre y me dice que tire hacia delante, pero prefiero quedarme en el grupito inicial.

Ahora solo estamos JuanBtt, Calandraka, Coleta y DomingoSBT. Rodamos los cuatro bajando algo el ritmo pero seguimos con los relevos, sobre todo Juanbtt y yo que estábamos más enteros. Faltan menos de 15 kilómetros, pero en un momento en que ruedo tras JuanBtt hago el afilador y voy al suelo. La envidia que es mu mala hace que el Coleta me vea en el suelo y piense “yo también me caigo”. Y efectivamente se cayó encima mía como una losa. Qué digo una losa, peor que una losa, porque una losa no te insulta.

- ¡ Este tío es gilipollaaaaaas !

Yo que en plan matrix desde el suelo había evitado que el conjunto bici-coleta me cayera encima totalmente cogiendo la bici de mi compañero en el aire, aún así, no evité hacerme daño en mi propia caída. En caliente me levanté rápidamente pero al dar la primera pedalada note un intenso dolor en el tobillo derecho y en la rodilla izquierda, amén del freno derecho que no me funcionaba. Me tiro otra vez al suelo. El coleta se asusta y me echa aguita, me mueve el tobillo para comprobar si estaba roto… me duele mucho… no puedo seguir… los perseguidores nos van pasando.

- Ahhhh, no me eches la culpa – le digo al Coleta entre gritos de dolor – es que Juan pega muchos bandazos – justificándome así del accidente.
- Pero el que va por detrás es el que tiene la culpa.
- Joder macho, entonces por esa regla de tres, tu tienes la culpa de chocarte conmigo.
- Pero si tu ya estabas en el suelo, yo no te he tocao.

Y en esas estábamos discutiendo, sin saber si hacer un parte amistoso o llamar a la guardia civil, aunque mientras tanto el Coleta me cuidaba como un buen compañero sin alejarse de mi.

Pasa un grupo donde mandan Jcarni, Bea y otros, interesándose por los bultos que se hayan en el tirados en el suelo.

Después de ellos viene el Artefacto en otro grupo. Nos ve en el suelo pensando en lo peor: “estos dos se han dao un beso en público con su posterior revolcón”. Qué vergüenza, que ejemplo estamos dando para esos juniors que se inician en los maratones de MTB, dos master30 hechos y derechos a la orillita del camino, a la vista de todos, sin recato ni miramiento ninguno, ¡¡ pero noooo, no es lo que parece Artefacto, que nos hemos caido cojones !!.

Sigue pasando gente…David, Claudio, El Capitán, Francis Punta… todos preguntando qué había pasado.

Llega también mi salvación. Una moto de la organización se para y me lleva hasta el pueblo arrastrando mi kona conmigo cogida de la potencia. El Coleta piensa también abandonar después de todo el tiempo que ha perdido por mi culpa, pero fría y calculadoramente cual asesino frío y calculador, llega a la conclusión de que entrando en meta me va a sacar unos suculentos puntos de ventaja, el muy ladino.

Así se acabó mi carrera, con 2 horas y unos 20 minutos en mi reloj y a menos de 15 kilómetros para meta. La moto me dejó en el pueblo en la recta de meta y cojeando me fui a ver entrar a algunos corredores del principio de carrera y también de los del final.

Tras la comida y después de contar las batallitas, Danobanano (que por cierto se marcó un pedazo de 4º puesto en élite) me dio un consejo de amigo y enfermero para que me pusiera hielo en el tobillo, ya que según me decía era el analgésico más eficaz y barato. Así que dicho y hecho, le pedí a uno de los camareros un poco de hielo en una bolsita hermética que me dio muy amablemente y me lo enrrollé con la camiseta que me regaló la organización alrededor del tobillo, evitando así que la zona se me inflamara.

Y cojeando me fui para casa lamiéndome las heridas y sin puntuar. Menos mal que el Coleta solo consiguió dos míseros puntos, aunque puntuó mucho más como compañero de equipo.

sábado 15 de marzo de 2008

Maratón MTB Tharsis 15mar08



En la línea de salida el personal espera el comienzo de la carrera. Me he debido de perder la fiesta del cambio de maillots, porque me encuentro a muchos con las equipaciones cambiadas. Alcoleanos, bartolinos y agonías con maillots de Cocinas Muñoz; Agonías y leperos con maillots de Kilómetro 0, otros que se han federado con el nuevo equipo de la Universidad de Huelva… el mercado se mueve, los millones corren de mano en mano.

El típico comentario sobre mi “flamante” casco surge de nuevo carrera tras carrera. Por qué quiere la gente que cambie de casco, ¿acaso han pasado de moda las llamas?, ¿acaso mi casco está quemado y ha perdido parte de la cubierta trasera viéndose la parte interna del mismo ofreciendo un aspecto lamentable?... que noooo, que ya lo he intentado cambiar pero en todas las tiendas de bicis me dicen que mi casco no es retornable.

Una vez callejeado el pueblo nos metemos en el campo. Miro atrás pero no veo ningún agonía. Otra vez solo, el Coleta no me quiere acompañar en las salidas fuertes y Claudio me ve de lejos durante un tramo pero no me alcanza. Los demás supongo que van detrás. Soy el único corredor que participa en categoría “dos bicis”, ya que mis dos montanbais están en carrera, mi Kona bajo mis agónicas posaderas y mi Giant doble cabalgada por Rubén en su reaparición en el mundillo betetero después de 7 meses de abstinencia (por cierto, que sufrió más que el señor en la cruz haciendo la corta, adelantándole hasta el de los coquis).

Por delante se me escapa el grupo de cabeza pero yo no puedo ir más rápido. Las piernas no me lo permiten. Me encuentro a Humberto que va delante mía. ¿Cómo?, esto no me cuadra, los jueces deberían declarar salida nula. Empiezan las dudas, las señales internas y externas delatan que no voy bien, ¿o es que Hbo va como una moto?. Tus salidas no son asín, Humberto, cógeme más palante pero déjame en paz por ahora criatura.

Parece que me recupero porque lo dejo atrás, esto ya es otra cosa, todo vuelve a la normalidad. ¿Iré bien después de todo? Llegamos a la bajada salvaje del río. Adelanto a los que bajan andando y a los que después de cruzar el río suben andando por el empinado repecho.

Empieza un tramo rápido y con muchas curvas en el bosque de eucaliptos. Voy con Juanbtt y un corredor cordobés. Nos entendemos bien. Pasamos a Salva que no va muy convencido. Nos encontramos a Jesuli que va con la rueda trasera muy vacía por un pinchazo. Salimos del bosque de eucaliptos y divisamos a los lejos los molinos de Tharsis. El terreno ahora es de sube y baja por campos sin árboles. Bea me alcanza por detrás. ¡ Que pronto ¡ pienso yo, pero me lo temía. Surgen de nuevo las dudas. Me ha cogido Bea, voy mal… no, pero Bea este año va para campeona de Andalucía y está fortísima… no voy tan mal.

No lleva ningún bote en los portabidones traseros del sillín, le doy uno de los míos pero no se lo puede colocar. La acompaño y le voy dando agua. Seguimos así varios kilómetros. Cruzamos la vía del tren. Pasamos al Artefacto con problemas mecánicos. Formamos grupo Bea, yo, Domingo de San Bartolomé y otros dos ciclistas más. Nos desorientamos en un cruce con la señalización medio caída. Hubo un momento de confusión pero en realidad perdimos poco tiempo.

Llegamos a tierra de minas y vemos la rampa de los molinos a unos 500 metros. Bea se va despegando poco a poco en la subida previa a la de los molinos. Domingo y yo nos quedamos comentando la jugada.

- ¡ Hay q ver como anda esta niña ¡
- Y que lo digas.

Domingo tiró hacia delante en la cuesta de los molinos y yo me despegué un poco.
El Conde también sube en esos momentos hacia los molinos. ¿Qué hace ahí delante? Me entero de que hay un grupo que se ha extraviado y el es uno de los perjudicados. Se retira mosqueao de la carrera en el avituallamiento de los molinos. Subo el repecho ultimo del control andando junto a un pelotón en el que van Criskona y el Artefacto. Bea sube montada, fue la última vez que la vi. Nos desperdigamos un poco al bajar la trialera de los molinos y pongo rumbo a Alosno. Me uno de nuevo a Criskona que en esos momentos se piensa hacer la corta de 70 kms. pero le animo a hacer la larga acordando llevar un ritmo “amigable”. Ese término me suena, y no me lo creo. Cogemos al Artefacto otra vez y llegamos juntos a Alosno. Reponemos fuerzas en el avituallamiento. Se nos une Humberto puntualmente en su cita conmigo a los ¾ de carrera. Yo salgo un poco antes y el Artefacto grita a los otros rezagados:

- ¡ Que el agonía no espera !

Nos alejamos de Alosno con viento en contra. Con Hbo el ritmo amigable se va al carajo. Criskona y él se van palante y nos dejan a mi y al Artefacto. Poco antes de llegar a la subida de la peña mi acompañante se me va escapando poco a poco. Lo veo subiendo las primeras rampas de grava pero yo me bajo. Los amagos de calambre ya están presentes y no me arriesgo a que me de uno de verdad. La subo entera a patas. La misma cuesta que el año pasado en la maratón de San Bartolomé la subí enterita, ahora no soy capaz de subirla ni un tramo. Llego al avituallamiento penando, le doy aceite al Bily. ¡ Sorpresa !, la bajada no es por la carretera negra… sino que la peña se baja por una trialera por donde hay que despeñarse… nunca mejor dicho.

Me encuentro al Misto parado junto a otro ciclista estudiando la trazada para bajar la primera rampa de la trialera. Casi sacan la escuadra y el nivel. Unos espectadores enfrente sentados sobre una piedra observan la escena con morbo. Qué gusto por la sangre tiene la gente. ¡ Venga pabajo !, pasa el Misto, luego yo y después el otro estudiante. La verdad que ver a uno bajar antes que tú te da más confianza. Pasamos el punto conflictivo sin problemas. Un poco más adelante me desvío a la izquierda en la bajada y tengo que sacar el pie al meterme en un surco. Me pasa el Bili como una bala y el Misto me pregunta:

- ¿ Adonde va ese tan rápido, pa qué?

Salimos a la carretera nueva que baja de la peña. Me encuentro a Juanbtt arreglando un pinchanzo justo al salir de la carretera a la izquierda para incorporarte al campo. A partir de aquí voy pendiente de los calambres, sin forzar, con amagos, abusando de plato chico por miedo al calambrazo final. Juanbtt no me alcanza hasta la subida del depósito. Nos bajamos en la rampa más dura sin complejos, pero hacemos el resto montados a platito chico. A partir de ahí vamos juntos hasta meta. Me encuentro a una chavala de la organización:

- ¿No me digas que hay que subir hasta esa casita tan bonita? –me refería a la última colina donde se veía una casa en lo alto, la del famoso control del punto verde-
- ¿Que casita ?, Ah no. –me respondió la muchacha.

Ay que no. De más sabía yo que había que subir, y efectivamente el otro miembro de la organización que estaba un poco más adelante nos desvió hacia la subida donde estaba Fernando en el control poniendo verde a todo el desgraciaito que pasaba por allí.

Después de tantas vueltas. Después de tantos desvíos viendo Tharsis y desviándonos sin compasión cuando ya teníamos la miel en los labios, por fin nos dirigimos al pueblo de verdad.

- Entra tu delante mía Juan, que has pinchado y te mereces entrar antes que yo.
- Que no hombre, que más da.
- Que si.
- Que no.

Y así llegamos a la línea de meta, casi parados discutiendo el orden de la llegada… como ensayo de la discusión general que se originó después por gente que iba detrás pero entró antes, gente que se perdió y que se retiró, gente que también se perdió pero que siguió dando pedales, gente que le salieron más kilómetros de la cuenta... gente que en definitiva estaba deseando comerse los garbanzos después de meterse tal paliza en el cuerpo.

sábado 8 de marzo de 2008

El duatlón de mis entrañas o la transición guarruna. 8mar08.



El Artefacto se salió con las suyas. Tuvo la feliz idea de hacer un simulacro de duatlón de largo recorrido con vistas a una futura competición, como el de Ronda, pero con un poco más de arena y muchos pinos, al estilo Costa de la Luz.

El punto de salida y llegada estaba en Ciclo Taller Francis en Punta Umbría. Nos hicimos la foto de rigor todos los participantes, duatletas y demás acompañantes sobre ruedas e iniciamos nuestro camino pensando ya en la paella que nos esperaría a la vuelta.

Antes de llegar al camping La Bota ya tuve que pegar el primer apretón. Entiéndase apretón de apretar, sinónimo de sprintar, no confundir con otro tipo de apretones, que también los hubo. La banda de agonías que había salido a pinear esa mañana me llamaba al móvil para encontrarnos y unirse a la marcha. El Rompido sería un punto de paso, así que les dije que rodaran en esa dirección para encontrarnos por allí. Mientras tanto, mi grupo se había alejado y ya estaba entrando en los pinos junto al restaurante el Paraíso, pero una “oportuna” caída de Juan Capó en un tramo de arena los hizo ralentizarse un poco para darme tiempo a alcanzarlos.

Quisimos rodar todos juntos en buena armonía, pero como dice el Artefacto, los “incendiarios” que llevábamos de compañía como ciclistas puros, de vez en cuando aligeraban la marcha sin querer queriendo. No obstante como el tiempo apremiaba y lo que pretendíamos era rodar todos juntos sin dejar a nadie atrás, acortamos un poco la ruta original dejando el primer segmento de bicicleta en unos 50 kms. iniciales. La banda de agonías que seguía revoloteando a nuestro alrededor manteniendo contacto telefónico de vez en cuando no pudo finalmente contactar con nosotros en toda la prueba.

A unos 5 kilómetros de Aljaraque hubo hasta un tramo libre para quemar endorfinas acumuladas. Nos reagrupamos y nada más cruzar la carretera a la voz de “cochino el último” la manada de caballos desbocados galopaba en dirección al abrevadero. Criskona y yo nos quedamos los últimos viendo la estampida con ojos como platos mientras bebíamos agua tranquilamente. ¿Pero ande van los corgaos estos? Sólo nos dio tiempo a alcanzar a los percherones rezagados en la cuesta justo antes de entrar en el pueblo. Los pura sangre ya estaban esperando a las puertas de la piscina municipal de Aljaraque, donde DaniH2O nos preparó la primera transición con bebidas isotónicas y platanitos para reponer fuerzas.



Con tranquilidad nos cambiamos, comimos, bebimos, nos fotografiamos, y empezamos el segmento de carrera a pie los 14 duatletas acompañados por la tropa ciclista que realizó, como dice Jotalui, tareas humanitarias. En principio el ritmo iba a ser “amigable” pero pronto se formó un grupo de cabeza y una procesión de corredores esparriaos por el campo.



Terminamos de rodear la laguna del Portil y el grupo de cabeza contaba a esas alturas con 8 unidades: DaniH2O, Andivi, Ramón, Juan Capó, Artefacto, Jesuli, Criskona y Calandraka. Ya en dirección a Aljaraque, el ritmo no disminuía y los miembros del grupo de cabeza se iban descolgando poco a poco. Primero se dejó caer Criskona. Felipe de Bonares en tareas humanitarias pedaleaba en ese momento junto a mi grupo y le pedí un par de clinex porque yo veía el futuro muy marrón. Después se fueron quedando Juan Capó y el Artefacto sin alejarse demasiado. Empezamos a subir los 5 restantes acercándonos al naranjal del Rincón. Entre que yo veía que iba justito y que me estaba cagando vivo, decidí hacer una parada técnica para soltar lastre. Mientras me ponía en pompa vi como se alejaba Jesuli aguantando el tirón del trío de galgos. Lástima que no hubiera un cronómetro a mano, porque hubiera batido el récord de transiciones mojoneras, ya que entre la bajada de pantalones, evacuación forzosa, limpieza ocular, subida de pantalones y echar a correr solo transcurrieron unos 6 segundos.

Juan Capó y Artefacto se encontraron el marrón de dos pisos de frente porque yo no tuve la delicadeza de buscar un sitio resguardao para plantar el pino, no, yo lo hice a la vista, con luz y taquígrafos, a la orillita del camino. El Artefacto me quiso felicitar por tan perfecta obra de arte, pero se ve que con el peso que me quité de encima aligeré el paso y no pudo alcanzarme. Solo logré escuchar de lejos las voces de mis perseguidores entre sentimientos de admiración y asco profundos.

- ¡¡Aaaah!!, ademá el nota ha cagao un mojón bien formao.
- Pero si no ha tardao ná, como se puede cagá tan rápido.

Bajamos hacia la ribera de la cuesta de los patos. Subimos hasta la carretera del Rincón, la atravesamos y bajamos hacia el arroyo. Allí estaba Jesuli esperando porque en un cambio de ritmo había perdido el trío formado por DaniH2O, Andivi y Ramón y no sabía bien el camino.

- No sabía que tu corrieras tanto.

Me dijo Jesuli cuando ya reanudaba la carrera al pasar junto a él. Y yo pa mis adentros pensaba “Ni yo sabía que cagara tan rápido”.

A partir de aquí, nos fuimos separando poco a poco del Artefacto y de Juan Capó. Y así llegamos juntos a la piscina en 1 hora y 25 minutos aproximadamente, a unos 3 minutos del trío de galgos y con un minutillo de ventaja con respecto a la pareja perseguidora. Poco más tarde llegó Criskona quejándose del ritmo “amigable” y jurando venganza para el último segmento ciclista.

Otro duelo de este segmento a pie fue el protagonizado por Burropeco y Cozi, que andaron a la greña hasta llegar a Punta, citándose para duelos posteriores incluso, por lo que habrá que seguirles la pista por lo que pueda pasar.

La última parte era la más esperada por todos. Paseito de unos 15 kilómetros hasta Punta. El ritmo era tranquilo, todos en grupo, pero al llegar al camping La Bota, en vez de coger por el camino de la depuradora se decidió llegar por carretera. Error. Yo sabía que si optábamos por el campo iríamos más tranquilos, pero al elegir la carretera negra se despertaron las hostilidades… los acompañantes ciclistas como Chinasky, Jotalui y otras especias, al que se unió Criskona consumando su venganza… y por extensión to los demás que nos picamos hasta con nuestra sombra, pusimos los cuentakilómetros a 55 km/h de velocidad máxima en el llano, llegando a la tienda de Francis en palabras de Dani, “tumbando a saco en la curva”.

Entre todos dimos cuenta de la paella, la cerveza, refrescos, tortilla, mojama que nos preparó la familia de Francis y que nos sentó la mar de bien mientras contábamos las batallitas, con la mente puesta en otra convocatoria de este tipo como preparación para el Duatlón de Ronda.

domingo 24 de febrero de 2008

I Duatlón Ciudad de Huelva 24feb08



En ese bosque que existía dentro de la ciudad, los “pinalillos” de toda la vida, y desde hace poco tiempo flamante Parque Moret, se celebró este domingo el I duatlón Ciudad de Huelva. Los más de 100 deportistas que nos reunimos allí para sufrir y disfrutar a la vez (extraña combinación masoquista esto del deporte) nos lo pasamos en grande acompañados por el público que acudió al acto. El tiempo finalmente acompañó, la organización también y lo único que faltó para que todo fuera perfecto hubieran sido unas barbacoas con chorizos y costillas y abundante cerveza.

En la primera fotografía se observa al Artefacto y al Calandraka saliendo a la par de los boxes después de terminar los primeros 5 kilómetros a pie, en apenas 17 minutos. Solo le pude aguantar corriendo, ya que sobre la bici demostró por qué es un artefacto…explosivo.

Que contento iba ese agonía con su ropita nueva… y que gran sensación causó ese nuevo diseño entre la muchachada… sobre todo entre los Máquinas, que le encontraron algún parecido con el anuncio publicitario de una compañía de detergentes. Aunque pensandolo bien a mi me recuerda más a los Looney Toons, y a ese Bugs Bunny a punto de salir de esos aros concentricos multicolores… ¡¡ Qué hay de nuevo viejo !!.

Hubo un gran nivel en la participación… pero hubo también un gran nivel en el público que no dejó de animar al personal, sobre todo al pasar por la puerta principal del parque Moret, donde se concentró un buena parte de los forofos para jalear a los conocidos y a todos en general.



En la foto anterior aparezco precisamente justo antes de llegar a ese tumulto enfervorecido de hooligans, huyendo de un maromo con los brazos como mis piernas.

Y hablando de fotos, hubo otro gran nivel ese día… no solo de deportistas y organización, sino también de fotógrafos. Hace mucha ilusión esperar al día siguiente para ver las clasificaciones, los tiempos… y también las fotos. Así que gracias a los fotógrafos: Txarini, Quique, Mamen… y a los que no conozco o se me olvidan… por perder un poco de su tiempo para que todos podamos disfrutar de esas imágenes… el día después.

sábado 17 de noviembre de 2007

Maratón MTB Cartaya 17nov07




El Coleta me pidió el día anterior que fuera su gregario. Su objetivo era subir un puesto en la clasificación general local. Como en esta clasificación sólo cuentan los federados en ciclismo por la provincia y los que no somos federados somos simples ceros a la izquierda, accedí a colaborar… y es que en el fondo soy un hombre de equipo.

Lo convencí para salir fuerte y entrar en una buena posición en el enduro, pero el nivel de mi compañero de equipo a estas alturas de la temporada no es el mejor, y le costaba trabajo seguir a los de cabeza. Yo miraba constantemente atrás para tirar de él, con el riesgo de besar el suelo, cosa que casi consigo cuando por poco toco la rueda de atrás de un ciclista del pelotón.

Entramos en el enduro que bordea el embalse de los Machos y tiré un poco pa’lante ya que aquí ir a rueda no es muy ventajoso. Paraba a veces para mirar atrás y esperar. Rodamos casi todo el enduro con Bea y el equipo Monje de escoltas.

Ir a un ritmo inferior del que puedes dar, te da la posibilidad de ver otra carrera que no verías en otras circunstancias. Viví unos momentos del duelo en la cumbre entre Bea y Peralta. La actual campeona de Andalucía sufrió bastante en el enduro, pero al terminar ese tramo su potencia de pedaleo la acercó hasta Bea. Quedaba mucho por delante, mucha pista favorable a Peralta, pero también quedaba un enduro final a pocos kilómetros de meta favorable a Bea, que al final lo aprovechó para ganar la maratón y demostrar que es la mejor hoy por hoy de Huelva y quizás la mejor de Andalucía el año próximo.

Yo creía que mi compañero aguantaría el ritmo de las dos féminas y que veríamos todo el duelo, pero no fue así. Las dos bikers se alejaron fuera de nuestra vista. Con mucho gusto las hubiera seguido como espectador privilegiado del duelo, pero mi sitio en esta carrera estaba con mi compañero agonía en horas bajas.



Antes de entrar en el pueblo de San Silvestre de Guzmán nos encontramos con el coche del equipo Monje con el Pantera al volante y la RKT Txarini cámara en la mano. Nos hicieron alguna fotillo y nos dieron ánimos. Me paré en el avituallamiento para coger agua y fruta para los dos mientras Antonio seguía su camino. Después de alcanzarlo seguimos un poco de pisteo hasta la bajada al riachuelo para empezar a subir la cuesta de Fuente Blanca. Sin darme cuenta me alejé un poco de mi compañero hasta que no lo ví, levanté el pie del pedal pero al no acercarse me di la vuelta. Me crucé en dirección contraria con un grupo donde iban Jcarni y Candy entre otros y me dijeron que el Coleta se había parado con calambres.

Efectivamente allí estaba echándose reflex. Todavía quedaba mucha subida pero no era muy dura. Con paso lento llegamos arriba. Aún nos quedaba mucha pista hasta San Silvestre nuevamente. El Coleta ya no solo iba mal por su forma física a estas alturas de temporada, sino que ahora iba acalambrao y no podía pasarse un pelo en la fuerza de pedaleo. En el avituallamiento del pueblo hicimos la misma jugada, yo me quedé repostando por los dos y el siguió hasta que lo alcancé de nuevo.

La cantidad de gente que nos pasaba era enorme, grupos y grupos enteros nos pasaban sin poder seguir el ritmo de ninguno. Antes del segundo paso por San Silvestre ya nos habían pasado Rafa exRKT, Nacho MKM, un biker reage con rastas, la abuela de éste, un ciclista con calcetines estilo futbolista, otro con pedales no automáticos, el que iba vendiendo los coquis, la tatarabuela del biker reage… En el canal marqué un ritmo asequible para mi compañero que se enchufó a mi rueda, antes de meternos de nuevo en el enduro. No obstante siguió alcanzándonos gente… Jabiker MKM, Domingo de San Bartolomé que había pinchao… una auténtica sangría, caíamos como fruta madura. Más reflex.

Por fin llegó el enduro final. Escondida en un tramo técnico estaba Mamen haciendo un reportaje fotográfico. Como el paketerismo se contagia, me sacó una foto de una caída al más puro estilo globeril… sin poder sacar las calas de los automáticos en un repecho pa’rriba. Se hizo largo el segundo enduro… tanto que en vez de disfrutarlo, nos sentimos aliviados de haberlo terminado.

Encontramos ante nuestra sorpresa a Gonzalo del Molino parado en el camino… más tarde nos contó que rompió el cambio y que al final le ayudaron a llegar con piñón fijo. Nada más que entrar por delante de Gonzalo valía la pena a mi compañero de ruta. Este fue nuestro objetivo final hasta la meta y como lo conseguimos ya se encargó el Coleta de echárselo en cara a nuestro amigo-rival Gonzalo cuando lo vimos en la comida… siempre con el buen sentido del humor por delante, como no puede ser de otra manera entre colegas.

Con 4 horas y 35 minutos terminó el sufrimiento para el Coleta y mi “paseo” de acompañamiento. A pesar de todo, el único agonía que hizo la ruta larga y entró delante nuestra fue Dani que hizo un carrerón sacándonos más de tres cuartos de hora y quedando campeón entre los agonías más agonías y gran 8º puesto élite y 15 en la general.

sábado 10 de noviembre de 2007

Marcha Resistencia Sierra Huelva (10nov07)




Una nueva expedición agonía avanza de nuevo. Los comentarios positivos del año anterior sobre esta travesía ha arrastrado a nuevos componentes del grupo, que ahora se animan a acompañar a los que repetimos del año pasado.

Algunos hacen la marcha como organizadores (Mario, Angel, Claudio y Juan Antonio) y otros lo hacemos como participantes normales, corrientes y molientes (Calandraka, Coleta y Paquito), más el invitado especial Juan Arreciado.

Dejamos la madriguera preparada para volver a acostarnos, estirilla, saco de dormir… y nos fuimos a cenar, dejando la reunión de organizadores en plena sesión. A la vuelta ya había gente durmiendo y gente intentando dormir. El toque de diana sería a las 4 y media de la mañana.

La salida la hice sin desayunar, como solo pienso en la comida cuando tengo hambre, no me traje nada de combustible para los primeros kilómetros de marcha. Atravesamos todo el pueblo de sur a norte, buscando el inicio del camino hasta los Marines. Juan Antonio corría arriba y abajo tomándose muy en serio las tareas de organización. Les brindé mi ayuda en esos primeros kilómetros ante la falta de efectivos en la des-organización inicial. No hizo falta al final, pero ahí estaba el tío.

Al llegar a los Marines había un coche cargado de plátanos y bebida en la plaza del pueblo. Aunque no estaba previsto para este punto un avituallamiento sólido, los primeros que llegamos cogimos furtivamente unos plátanos. La transición entre la noche y el día nos cogió en Fuenteheridos, justo para apreciar con detalle un sendero hecho por la naturaleza para la bicicleta de montaña. Yo me imaginaba montado en mi nueva Giant Anthem doble haciendo la cabra. Paco aguantaba con mis palos y en principio se los dejo hasta llegar a Jabugo, y después hasta Los Romeros, y luego hasta Aguafría, el Cerro San Cristóbal… en fin, que el nota me hace el rodaje completo de mis palos nuevos que estrenaba ese día.

Durante el día ya vemos a la gente y vamos haciendo amigos… y lo que es más importante… amigas. Después de Aguafría le hago un relevo a Claus en sus funciones de organización para que no se esparríe el ganao, mientras tanto él planta un arbolito. Seguimos el camino hasta subir al Cerro San Cristóbal por otro sendero bicicletero en potencia. Durante la subida conocemos a otra fémina a la que, entre todos, le contamos las excelencias de los Agonías... a saber: “Los Agonías semos esto… y semos aquello… y semos unos fieras… y tenemos unos aparatos… de bicis… y… y …”. No le dijimos que además éramos muy guapos porque nos estaba viendo y se iba a dar cuenta que si no… El ataque en masa cual bando de grajos alrededor de la milana bonita da resultado y la chavala promete entrar en nuestra página web para hacernos una visita.

Bajamos al pueblo de Almonaster a comer. Paco sigue después de la comida, el Coleta también resiste. Hasta Cortegana no sufrimos las primeras y únicas bajas agonías. Paco se retira después de aguantar como un machote y recupero mis palos. Juan Antonio también se retira por un problemón de la ampolla… que no le permite andar… como tendría la ampolla el nota. Los demás seguimos todos.

Los dos últimos tramos, de Cortegana al último avituallamiento, y de aquí hasta Aroche los decido hacer con el grupo de cabeza. A la salida de Cortegana dejo atrás al Coleta y Juan Arreciado, paso a Angel y Claudio que se quedan en un cruce en plan organizador total… me río de ellos en su propia cara y me alejo escuchando la retahíla de insultos y amenazas que me profieren. Después adelanto a Mario, otro “organizador” que se mantiene en una prudente posición, ni muy adelante ni muy atrás, lejos de las órdenes del jefe. El primer tramo lo termino sin separarme del grupo desde que les di alcance. El segundo tramo lo hago andando un puntito por debajo del pelotón de cabeza y trotando para coger otra vez al grupo, así una y otra vez. Otro chaval de Bormujos, maratoniano como yo y que ha participado en maratones de MTB en un tándem con su novia, hacía la misma táctica que yo, ya que era muy difícil andar al mismo ritmo que el pelotón de cabeza.



Había una tía, master 50 por lo menos, que iba en cabeza junto a Jaime, el miembro de la organización que abría camino… como decía Angel, era una galga afgana, aunque como me contó el chaval de Bormujos, no dejaba que nadie se le pusiera a su lado en primera fila. La muy galga metía el codo cuando se colaba algún extraño, como él, delante del pelotón.

Por fin llegamos a Aroche en plan triunfal. Firmamos en el libro y nos fuimos en desbandada buscando las duchas.

- Ahí mismo están las duchas, bajando la calle y a la derecha (nos desinformaba una miembra de la organización).

Después de deambular sin sentido por el pueblo tuve que preguntar a alguien para saber como carajo se llegaba al polideportivo, que por lo visto estaba en las afueras del pueblo. La noche se echó encima, el pueblo lo veía cada vez más lejos y yo no sabía si iba bien encaminado o no mientras me cagaba en to lo cagable carretera abajo.

Al llegar a una nave junto al polideportivo donde se guardaban las bolsas personales de cada participante, me recibe una chavala de la organización a la que le cae toda la tormenta. Por mi boca sale de todo menos bonito. La chavala aguanta el chaparrón con un saber estar que yo no tuve en ese momento. Juan Antonio está con ella y me pregunta qué me pasa.

- Me cago en … ¿Dónde carajo están las duchas? Llevo andando más de 60 kilómetros desde Aracena y ahora tenemos que andar otro kilómetro y pico para ducharnos. Sin saber donde coño está el polideportivo… perdíos por la carretera… ¿en la siguiente calle a la derecha están las duchas?... y una mieeeerda.

Después de la ducha volví a la nave y lo primero que hice fue disculparme con la persona que me aguantó con aquel temple. Ella encima no me culpó de mi reacción y admitió que pudo haber algún fallo en la organización, por encima de todo valoró que me disculpara. Más tarde en la entrega de premios nos vimos de nuevo y terminamos dándonos unos cuantos abrazos... se llamaba Tere y le dí uno de los regalos que me tocó en el sorteo. Eso es lo que yo llamo un final feliz.

Tras el picoteo que nos pusieron y la entrega de premios nos montamos en la camioneta que nos llevaría a Aracena. Todos estábamos cansados. Alguno con más frío que un perro chico se recuperaba de una bajona. Era para vernos al bajar de la caminoneta, como para ir a la Cibeles de pase de modelos. Algunos se quedaban en Aracena a dormir y otros nos volvíamos a Huelva… donde nos esperaba el descanso merecido.

sábado 3 de noviembre de 2007

Maratón MTB La Palma (3nov07)



La salida neutralizada de La Palma no tiene nada que envidiarle a algunas carreras de larga distancia. Dio tiempo para mucho, visita turística al pueblo, algunos sustos con frenazos repentinos incluidos, saludos entre conocidos, vendettas y mal de ojos en plan de broma…

- ¡ Calandrakaaaaaa !
- Hombre Cristian, te voy a vigilar de cerca. En Paterna me quedé a 4 minutos de ti, pero hoy te voy a ganar.
- Hoy puede que me ganes. Estoy chungo.
- ¿Y eso?
- El resfriao.

Efectivamente estaba chungo como después me contaron los padres, así que el repaso de hoy no cuenta mucho para ser justos.

Tras el larguísimo recorrido neutralizado, la salida oficial dio comienzo a las afueras del pueblo, con algunos de los ciclistas del club de La Palma esperando a todos los demás en la línea de salida, con dos cojones. Los primeros kilómetros de carretera, más de media hora de pedaleo en dirección al pantano del Corumbel, discurrieron en pelotón compacto y a ritmo suave, salvo algún tironcillo al que reaccioné para seguir con el grupo de cabeza junto a mi compañero Dani.

Se vivió algún momento de tensión en el pelotón cuando rodábamos por la parte final de la carretera en obras, por culpa de los conos que más de uno tuvimos que esquivar, y alguno que otro tuvo que comerse con papas. Menos mal que era en subida.

Seguíamos rodando hacia arriba, pero ya sobre la tierra, y aún con el grupo de cabeza. Fabio rodaba conmigo a esas alturas y se sorprendía de seguir en esa privilegiada posición.

- ¿Ese es el grupo de cabeza?
- Si… ese es.
- ¿Y que hacemos aquí?

Pero esto no iba a durar mucho. En las primeras rampas fuertes no aguanté en el grupo inicial. Dani, que a la postre harían un carrerón, se me alejaba sin poder seguirlo, y en esos momentos empecé a pensar que esta carrera no iba a ir a bien. RKTSalva también me pasaba en las rampas más duras de la subida a la Caba sin poder aguantarle. JCarlos Alcolea y Regino MKM también me pasaron muy rápido sin posibilidad de pegarme a ellos. Esto olía mal, pero afortunadamente esas malas sensaciones iniciales pasaron, en realidad debido a la fuerte salida como de costumbre, y a partir de ahí cogí mi ritmo.

Poco a poco me fui encontrando mejor. Tanto que en la bajada de La Caba, a partir del kilómetro 35, contacté con JCarlos y Regino, rodé con ellos un poco, los pasé, y en la subida a Berrocal incluso les metí más metros de ventaja. Ventaja que JCarlos me neutralizó en el avituallamiento de Berrocal mientras llenaba el bote de agua y cogía alguna fruta, mientras que él, con una táctica de parada 0 me pasó como una bala. Aunque lo fui viendo durante mucho tiempo en la subida de Peñas Blancas, la distancia fue a más, demostrando que las segundas partes de sus carreras son fortísimas.

Al que si veo de nuevo es a Salva, al que me acerco poco a poco en la subida a Peñas Blancas, en esos momentos yo ruedo muy bien, pero él no pasa por sus mejores momentos. Quizás esté pagando ahora ese tirón tan fuerte que hizo kilómetros atrás. Le doy ánimos, pero tal fue la facilidad con la que lo pasé, que en mi interior pienso que voy a meterle mucho tiempo en meta. Al final mi ventaja sobre él no llegó ni al minuto, porque o su recuperación fue muy buena, o mi último tramo por las pistas de Villarrasa fue pésimo, o las dos cosas a la vez.

En el kilómetro 60 como no… el de siempre, el que viene de atrás y me pasa con precisión matemática a los ¾ de todos los maratones, Humberto, acompañado esta vez por el Artefacto. Vienen de atrás viéndome durante mucho tiempo como me contaría después Hbo en meta, y se van igual que vinieron… lenta pero inexorablemente.

Después de coronar Peñas Blancas me encuentro al Misto parado en el camino.

-¿Qué te pasa Misto?
- Que estoy muy viejo.

Tiro de él y rodamos juntos mucho tiempo… los amagos de calambre los controlo y no me llegan a dar. En los inicios de la subida al Manzanito se nos unen a la marcha Toti de Lepe, un compi de equipo suyo y otro invitado. En la última rampa antes de coronar está el Pantera cámara en mano y dando ánimos.

- ¡ Vamos ! Aguanta la última rampa. Ese grupito que llevas es muy bueno.

Los ánimos hicieron efecto y no me rendí. En el avituallamiento nos separamos del grupo Misto y yo. Le doy agua porque creía que llevaba y no se abasteció. Yo cogí al vuelo una bebida isotónica y una botellita de agua, bebí y llené mi bote. Miramos atrás y no se veía a nadie. Nos conviene que nos cojan pero tardan mucho en alcanzarnos. Cuando enlazan con nosotros ya estamos entrando en el tramo más bonito de la carrera, unos senderos con curvas y rampas arriba y abajo que nos llevan al puente de Gadea. Vamos muy rápido, tirando unos y otros sin bajar el ritmo. En la última rampa antes de coger las pistas hacia Villarrasa me separo un poco del Misto y Toti, me quedo solo detrás de ellos y los veo alejarse poco a poco en la distancia.

Lo que viene ahora es un suplicio, pistas anchas con piedras y viento de costado. Llego a Villarrasa junto a Jose Antonio Aguaded Medina, compañero de Toti en el Biciclub Lepe. Iba muerto, pero ya quedaba muy poco, último repecho y bajar a meta. Le digo a mi compi de ruta que entre primero en meta ya que lo veo más fresco y creo que iba conmigo más que yo con él, pero gentilmente me cede ese puesto.

La meta en bajada se agradece y nos basta con dejarnos caer llegando a las 4 horas y 40 minutos. La posición 42 de la general y 19 en master 30 no está mal, sobre todo teniendo en cuenta que este tipo de carrera con tanta pista no me conviene. En Cartaya habrá de todo menos pista, una maratón para hacer la cabra. ¡ Pistas no, bases fuera !

sábado 20 de octubre de 2007

Paterna MTB Maratón 20oct07




Es sabido que la meteorología es mitad ciencia mitad arte, arte de adivinación, pero si hay un día en que los metereólogos no pronostican sino que aseguran que va a llover, ese es el día de la celebración del maratón MTB de Paterna. El hombre del tiempo se pone en contacto con el club ciclista el Cañoñazo a principios de año y pregunta cuando celebran la prueba para marcar ese día como lluvioso en la zona del condado de la provincia de Huelva. Pero el calentamiento global es un hecho, ya lo dice Al Gore: “Planet is recalentanding… this year is not raining, sequing like mojama in Paterna MTB Marathon”.

La salida fue temprano, sobre las ocho y media de la mañana, pero no hacía ni frío ni calor ni nubarrón amenazador. Los agonías salimos todos juntos: Juan Antonio, Claudio, Vasco, Paco, Coleta, Dani y el burro el último, pero enseguida nos separamos. Coleta y yo pegaditos en la salida neutralizada, aunque después me adelanté al llegar a la salida oficial, a la entrada del carril de tierra. Ahí fue donde avisté a Dani. El pelotón que en principio rodaba muy rápido, ralentizó la marcha y nos agrupamos… pero por poco tiempo, el grupo se estiraba por momentos y me separé un poco de Dani, quedándome en primera posición provisional de los agonías.

En la primera subida fuerte, a menos de 10 kms. de la salida, paso a RKTSalva que va mal, no aguanta el ritmo, al verlo en la meta al terminar la carrera me confirmaría que tenía el cuerpo chungo, no fue su día. Más adelante ruedo un tiempo con RKTCristian. Me encuentro a Fabio pinchado y le recuerdo a Cristian que le toca a él. Se libra de pinchar, pero no se libra de mí hasta muy avanzada la carrera.

Me alcanza JCAlcolea. ¡¡ Titán !!, me grita con un saludo que solo conocemos los que hemos terminado el Titán. En la única rampa bestial que subí andando el nota no pone ni un pie a tierra… más adelante me lo encontré en la cuneta del camino pinchado… no me alcanzó más porque creo que pinchó de nuevo, porque sino me hubiera cogido con toda seguridad.

En el segundo avituallamiento me cojen mi compañero de equipo Dani y Gonzalo del C.C. El Molino, pero ruedan conmigo poco tiempo, se quedan atrás en el sendero que discurre dentro del paraje natural Pata del Caballo. La técnica es una parte importante del MTB y lo demuestro.

En el avituallamiento nº 3 lleno el bote, pero en la bajada pedregosa posterior lo pierdo… el bote me bailaba hasta que terminó por desaparecer de mi vista en uno de los baches, y aunque me di cuenta no me paré a recogerlo… así que me quedé sin agua a falta de 40 kms. aproximadamente para la meta. Me alcanza de nuevo Gonzalo con el que hice casi toda la carrera adelantándolo en las bajadas y cogiéndome en las subidas. Le explico lo sucedido y me da un trago de agua.

En la rapidísima y peligrosa bajada sobre las crestas de colinas romas de vegetación hasta el barranco del Chacho cogí a un grupo donde iba la ganadora en féminas de Dr. Bike Durita Holm y Gonzalo al que atrapé en la bajada posterior a la subida donde me alcanzó por enésima vez. Les quité literalmente las pegatinas, mi bajada sin pecar de falsa modestia, fue de vértigo… como diría Salva en la Sierra Nevada Límite de este año, daba pánico. Llegué al arroyo y subí por el mismo cauce cual salmón con ganas de deshovar.

En mitad del arroyo me encuentro a un nota con una litrona en la mano y un vaso en la otra.
- ¿Quieres un poco?
- ¿Cerveza?
- No serás el primero… ni el tercero tampoco.

Al salir del riachuelo me encuentro un picnic en la misma orilla, sin nadie alrededor y con una botella de Coca Cola de 2 litros en una mesa. Iba sin agua, y la tentación de dirigirme al picnic de los campistas ausentes, cual oso Yogui, y llevarme al gaznate la refrescante bebida se me pasó por la mente. ¿Pero si no me paré para buscar el bote perdido cuando se me cayó, me voy a parar ahora para llevarme una botella de Coca Cola? Pa’lante… o mejor dicho pa’rriba, porque aquí empezaba otra de las subidas gordas, 3,3 kms. seguidos de la cuesta del Chacho.

Desde mi posición dominante vi allá abajo entrando en el barranco a Gonzalo y más tarde a Dani, al que le di un grito de ánimo. Como no, Gonzalo me pasó una vez más pero no le pedí agua de nuevo porque no quise abusar. Con el que si me encontré y le pedí un trago fue al compañero de ruta que rodaba conmigo cuando se me cayó el bote.

Casi al final de la cuesta del Chacho me uno a una pareja del MTB Fuengirola Mijas, vuelvo a pedir agua por tercera vez y me la dan. Tal como este último me dijo, si no nos ayudamos entre compañeros... Rodamos los tres a buen ritmo, entramos en un terreno de bajada, rápido pero no muy técnico… ¿y a quién alcanzo y dejo atrás por enésima vez?, si, a Gonzalo. Aún quedaban unos 20 kilómetros para la meta sin bajadas técnicas y con una subida final. En mi interior me temía que Gonzalo me alcanzara en la última subida del Pinguete, si no antes.

Miraba atrás y no se acercaba. Mis dos nuevos compañeros y yo rodábamos realmente rápido, pero en una zona de repechos hice un esfuerzo excesivo para el momento y me dio un amago de calambre en el muslo. Tuve mucho cuidado para que no me llegara a dar el calambre, porque si así fuera me hubiera hecho descabalgar y perder un tiempo precioso.

Los objetivos de los ciclistas del montón como yo no son subir al podium, sino que nuestras batallitas son otras, y en ese momento mi batallita la libraba con Gonzalo sin que el lo supiera. Mis dos compañeros de carrera se me escaparon, pero Gonzalo no me alcanzó más, y la explicación que yo me daba a mi mismo, aunque no se si será la verdad, era que en las subidas él había abusado de desarrollo largos y por eso me adelantaba y yo había usado más los desarrollos cortos, y ahora las consecuencias se manifestaban en las piernas.

Llegué a la zona de los olivos y a la aldea de Tujena. A lo lejos ya se veía el skyline de Paterna. En los llanos antes de Paterna iba solo y con el viento en contra. Miraba delante y atrás para ver si veía algún grupito salvador, pero no venía nadie. Bajé el ritmo contra mi voluntad, mirando atrás continuamente hasta que apareció ese grupito salvador como por arte de magia. Resucité y me pegué a ellos, di incluso un relevo en un momento de euforia, pero se fue del grupo el más fuerte disgregándose el resto. Me quedé con uno de Herbalife, con el que subí el Pinguete detrás suya sin poder pasarle, hasta que arriba en la cuesta fui el más rápido en meter plato grande, entrando delante suya.

Y con un tiempo de 4 horas y 35 minutos terminé los 93 kms. de competición, perdido en la clasificación general en el puesto número 100 de esta Copa de Andalucía, el 36 en master 30, pero en el primer puesto de la clasificación de los agonías, con lo que me consuelo, ya que cada cual se consuela con lo que puede.

sábado 6 de octubre de 2007

TITAN (6 oct 2007) By Calandraka




Los triatletas vamos entrando en los boxes y empezamos a colocar nuestras bicis y demás bártulos. Hablo con mi vecino de box y le comento que es la primera vez que hago un triatlón tan largo, me contesta que es la primera vez que él hace un triatlón. Tu ganas, pero al menos sabes nadar mejor que yo… y cualquiera. Me unto vaselina y me coloco el neopreno largo que me dejó Antonio León, con un buff adicional en el cuello para evitar las rozaduras.

La gente empieza a bajar al pantano. Cozi me dice que le doy envidia, aunque si me lo pide le doy mi dorsal y 90 euros. Me meto en el agua y está casi calentita, la caliento un poco más con fluidos corporales. Cozi se mete también en piragua para acompañarme, aunque para que le dejasen tuviera que infiltrarse en la organización, no obstante es la única piragua en el agua. Los nadadores nos dirigimos a la primera boya para la salida. En principio Cozi me sigue, pero sólo hasta la segunda boya, porque después de esta boya ya no lo vería más. En vez de acompañarme, la organización le asignó nuevas misiones que tuvo que acatar. Como por ejemplo quedarse en una boya para comprobar el paso de los competidores, o ir a buscar a nadadores que como delfines mulares desorientados se dirigían a encallar a alguna orilla del pantano.

Aunque en los primeros minutos me costó respirar regularmente, la presencia de la piragua amiga me tranquilizó bastante hasta que cogí el ritmo. El resto de la natación, aún sin la presencia de Cozi, la hice de un tirón y sin ningún tipo de agobio natatorio, el miedo psicológico se había esfumado. Del triángulo formado por las tres boyas, me entretenía por cada lado del triángulo con la vista de la presa, la vista del pueblo de Zahara de la Sierra y el puerto de las Palomas, y la vista al fondo de toda la longitud del pantano. Así el tiempo pasó volando y casi sin darme cuenta me encontré saliendo del agua. Algo mareado subí la larga rampa de 200 metros aproximadamente mientras me quitaba la parte superior del neopreno. Feliz y contento con haber superado mi parte más temida, clavé mis pronósticos del cronómetro (incluido los 200 metros corriendo) en 50 minutos.




Comienza el despelote en los boxes. Noventa kilómetros de bicicleta merecían una prenda más cómoda que un mono de triatleta, así que me coloqué discretamente en una posición lo menos exhibicionista posible, me quite el bañador y me puse el maillot y culotte agonías. Aún así no faltaron paparazzis que captaron alguna que otra imagen comprometida. Ya desde los mismos boxes se empieza a subir, 14 kms. desde el pantano hasta la cima del puerto de las Palomas. Adelanto a varios ciclistas pero sólo uno me adelanta, aunque no es mucho mérito por mi parte porque no creo que hubiera mucha gente en el agua que saliera detrás mía. ¿Cómo puede haber gente que nade menos que yo?. El desarrollo 39x23 me obliga a ponerme de pie y forzar los brazos, algo cansados tras 2 kilómetros de natación.

Por fin llego a la cima con 1h56m de competición y cojo un protector del frío para el pecho. Bajo a Grazalema y adelanto a algún que otro ciclista mientras salto los badenes por las calles del pueblo. Otra subidita al puerto de los Alamillos, una tachuela en comparación con las Palomas y el Boyar. El terreno se vuelve algo ondulado y fácil para rodar hasta Villaluenga del Rosario. Aprovecho para comer algo. Voy con otros dos ciclistas. Le pregunto a uno de ellos si está permitido chupar rueda y la respuesta es negativa, así que vamos juntos pero no revueltos. Desde Villaluenga del Rosario se baja hasta Ubrique, salvo un repecho al pasar por Benaocán. Terreno sube y baja hasta El Bosque y comienza el puerto maldito. Me pasa al principio del puerto Juan Capó, que acabaría campeón en categoría veterano. Desde que hizo el año pasado el medio ironman de Lisboa le ha cogido la medida a este tipo de pruebas.

Adelanto a 2 ciclistas con el maillot de Schweppes, pero no termino de alejarme de ellos, al contrario, a la mitad del puerto me alcanzan, me preguntan que piñón llevo. El 23 es demasiado desarrollo para estas alturas de la carrera. Cómo se me atraganta este puerto, ya en el test que hice en agosto lo pasé mal aquí. Me pareció como si se me fuera a nublar la vista pero aguanto el tirón, me distraigo con las vistas del Salto del Cabrero que tengo a mi diestra. Los Schweppes se mantienen en la distancia con su piñón 28. Veo el final del puerto a lo lejos. Otro Schweppes me adelanta sumándose a sus otros dos compañeros que van por delante. “El NO no existe, vamos”, me animan un grupito de mujeres desde el borde de la carretera justo antes de culminar el puerto. Bajo hasta el cruce de Grazalema pero esta vez en vez de bajar al pueblo subo de nuevo al puerto de las Palomas por la otra cara, lo que se ha dado en llamar las Palomitas. Son 3 kms. y pico que no conocía, y me lo esperaba como un infierno después del sufrimiento del Boyar, pero contra todo pronóstico lo subo sin problemas, me recupero e incluso contacto con los 3 Schweppes en la cima, marcando 4h57m mi cronómetro. Allí está Charo en toa la pingoleta de las Palomitas, donde ha subido con su Giant doble para tomar algunas fotillos.




En la larga bajada dejo atrás a los 3 Schweppes. y vuelo al pantano a dejar la bici para iniciar el último segmento. Me bajo de la bici y al cambiarme los zapatos me da un tirón en los cuadriceps que me derriba al suelo gritando de dolor. La reportera Txarini, que había comenzado a bajar el puerto de las Palomas tras de mí, ya está allí cámara en mano captando mi agonía. El infiltrado Cozi que hace funciones de organización en los boxes me ayuda estirándome la pierna, poco a poco se me alivia, pero me avisa que la organización no puede intervenir. Un juez se me acerca y me pregunta:

- ¿Vas a continuar?
- Claro. (En los extertores de la muerte que me encontraba lo más lógico para él era abandonar).
- Si es así tengo que amonestarte con tarjeta amarilla.
- ¿Por qué?
- Porque no puede ayudarte nadie de la organización.
- Ah vale.

Y parsimoniosamente, casi pidiéndome disculpas, me enseñó la tarjeta amarilla, en plan árbitro de fútbol inglés.




Empiezo con cuidado a correr temiendo que el tirón me deje otra vez tirado en el suelo. Primero vamos en dirección a Algodonales. Cuesta abajo y cuesta arriba sin ningún llano para relajar las piernas. Conforme me acerco a Algodonales me cruzo con gente que ya vuelve, Juan Carlos primero, que haría un tiempazo y después con Cesáreo que venía andando algo tocado. En una cuesta me pongo a andar por primera vez, pero el cartel de 1 km. a Algodonales me anima y empiezo a trotar de nuevo. Entrando en el pueblo un policía local en moto me indica el camino, doy la vuelta a la plaza y unas niñas me echan agua. Todo el agua que iba recolectando de los avituallamientos me la bebía o me la echaba por encima.

Ya de vuelta veo a lo lejos Zahara de la Sierra, pero antes tengo que subir la cuesta hacia la presa. La subo andando a paso rápido, ya que avanzo casi igual que trotando. Al llegar a la presa llevo exactamente 7 horas y hago mis cálculos. A ojo calculo unos 3 o 4 kilómetros, tengo entre 10 y 7 minutos y medio por cada kilómetro para bajar de las 7 horas y media en el crono final, todo esto si llevo razón en la distancia.




La reportera y el infiltrado me acompañan, una en bici y otro corriendo. Me dicen que hay 7 kilómetros hasta la meta. Si es así no voy a poder bajar de las 7 horas y media, porque el tramo final es muy duro y seguro que haré tramos andando. Me desanimo un poco, pero según me acerco al pueblo voy escuchando los altavoces de los organizadores, cada vez estoy más cerca. Ya queda poco, unos 300 metros según la gente que responde a nuestras preguntas. Cozi y Txarini siguen ahí acompañándome y animando en todo momento. Parece que mi cálculo de la distancia era mucho más aproximado que los 7 kilómetros que me decían. Puedo conseguirlo. Casi me hicieron falta crampones y piolet, pero al fin escalo sin ni siquiera usar arnés de seguridad hasta la plaza del Ayuntamiento donde estaba instalada la meta. 7 horas y 24 minutos es el tiempo final. Prueba superada. Soy Calandraka, pero podéis llamarme TITÁN.

sábado 1 de septiembre de 2007

2º Test para el Titán: El TITANLUZ (1sep07)




Pues sí, que nombre tan precioso y apropiado para esta prueba que me acabo de inventar. Si algún patrocinador me pusiera unos cuantos Binladens de los moraos encima de la mesa le daría mis derechos de autor y todas mis bendiciones para organizar la carrera, eso sí, el nombre de la prueba ya no es negociable: “TITANLUZ”, para eso nació como un test del Calandraka para el Titán en la Costa de la Luz. La historia por la que nacería este engendro sería la siguiente:



El 1 de septiembre se celebró la travesía a nado del Guadiana. Dos kilómetros y pico de recorrido desde Vila Real de Santo Antonio hasta Ayamonte. Con la mente puesta en el Titán se me ocurrió la idea de, una vez acabada la travesía a nado, volver a Huelva en bici. Efectivamente con la colaboración inestimable de Charo a los mandos de la piragua rémora y de Jesús al volante de mi coche, podría realizar la idea que me rondaba en la mente. Charo era imprescindible para cruzar a nado la desembocadura del Guadiana como acompañante, para mitigar mi miedo escénico a las agua abiertas, y Jesús era muy importante también para llevar mi coche de vuelta a casa mientras yo volvía a pedales.



La travesía comenzó sobre las 6 de la tarde. En el pantalán de salida me coloqué en la última posición para evitar aglomeraciones ni golpes. El mismísimo David Meca, sobre una lancha neumática y altavoz en mano, dio la orden de salida. El agua estaba fresquita y la corriente ayudaba a los nadadores mucho más que el año pasado. La piraguista me guiaba en la dirección correcta, así que no tuve que levantar mucho la vista al frente. Nadé con fuerza en cada brazada y a buen ritmo, y a pesar de eso no llegué muy cansado a la meta. El tiempo final fue de 33 minutos y 40 segundos, casi 9 minutos menos que el año pasado, aunque el efecto de la marea hace difícil la comparación.



Una vez fuera del agua me fui directo al coche. Antonio León, que pasó junto a mí camino del polideportivo donde se efectuaría la entrega de premios, me comentó con algo de sorna la penosa transición que estaba haciendo. En realidad me lo tomaba con calma, aunque no con tanta parsimonia porque no sabía que tiempo iba a echar de Ayamonte a Huelva en bici y no quería pillarme los dedos con las horas de luz que quedaban.



Hice una paradita en la gasolinera para llenar las ruedas por recomendación de Jesús, me comí un plátano, y puse rumbo a Huelva un cuarto de hora pasadas las 7. El inicio es una cuesta to’parriba que subí a plato con un poco de ayuda de popa. El cartel indicador marcaba 58 kms. hasta Huelva, aunque quizás por la nacional, a través de Lepe, Cartaya y Aljaraque-Corrales el recorrido sean más aproximados a los 55 kms. El viento me fue favorable durante casi todo el recorrido y me planté en Huelva en 1 hora y 24 minutos.



Al llegar a casa, todavía con el sol, me cambié, bebí y me dispuse a empezar el último segmento del Titanluz: un recorrido a pie por el paseo marítimo, subida al Conquero por la cuesta de la Cinta y bajada hasta la plaza de toros, en total otros 25 minutos y algunos segundos con un buen desnivel para terminar. Aunque después de esta crónica lo más seguro es que este test se convierta en un clásico en la temporada triatlética de Huelva.

jueves 23 de agosto de 2007

Test para el Titán (jueves 23ago07)


Desde Zahara de la Sierra se ven las curvas de herradura de la carretera que lleva al puerto de las Palomas. Una carretera se suele denominar como, por ejemplo, segura, peligrosa, rápida, lenta… pero es que esta carretera es simplemente: bonita. El día del Titán, los boxes con las bicicletas estarán esperando a los triatletas junto a la presa del embalse de Zahara, pero para este test, el punto de partida lo tomaré desde la salida del pueblo. Aprovisionado de fruta y alguna barrita, aparte de la inestimable ayuda del coche de apoyo de Charo que me iría pasando agua de repuesto, comencé a subir desde la primera pedalada. A medida que ascendía iban apareciendo personas mayores saliendo de no se sabe donde y andando arriba y abajo como si fueran vivos murientes, saliendo a la carretera de entre los árboles y escabulléndose en el campo. Con estos entrenamientos no me extraña que estas personas mayores estén en tan buena forma. Los ancianos de esta edad que en Huelva estarían sentados en sus sofás, aquí hacen escalada por el puerto de las Palomas, y a veces cargados de bolsas.

Desde el principio, por tal de no forzar mucho la musculatura todavía en frío, metí el piñón más grande con el plato chico (39x23), aunque más adelante comprobé que esa combinación iba a ser la única posible para mi flaca Flanders el día de la carrera, e incluso creo que se puede quedar algo larga teniendo en cuenta que en algunos tramos hay que ponerse de pie sobre la bici y que venimos de hacer 2 kilómetros de natación con lo que los brazos no estarán muy firmes para seguir aguantando más esfuerzo al menos en este primer puerto.

El puerto de las Palomas tiene algo más de 10 kilómetros desde Zahara, a los que hay que añadir casi 4 kms. más aproximadamente si salimos desde la presa del embalse, todos de continua y dura subida aunque la belleza del paisaje que nos envuelve suavice un poco los pensamientos de suicidio. Efectivamente nos rodea un paraíso de vegetación. A mitad de la subida nos encontramos a mano derecha la Garganta Verde, impresionante barranco con paredes de vértigo donde habitan los buitres leonados. También a nuestra derecha, un poco más adelante, vemos la Sierra del Pinar y un pico en forma de pirámide frondosa que esconde tras ella un bosque de pinsapos. La vista por la parte izquierda de la carretera no es menos espectacular, pues divisamos en el vacío, casi en su totalidad en la lejanía el embalse, el pueblo de Algodonales en la falda de la Sierra de Lijar y el torreón del castillo de Zahara bajo el cual se asienta el pueblo aunque desde aquí no lo veamos.

Me voy acercando cada vez más al puerto, a unos 1300 metros de altura según el cartelito y ahora comienza la bajada. A unos 3 kms. dejamos en un cruce a mano derecha la carretera por la que volveré después de dar la vuelta al circuito. Seguimos bajando otros dos kms. más hasta el pueblo de Grazalema. Continuamos la bajada hasta comenzar la corta subida al puerto de los Alamillos, coronando a unos 800 metros de altitud, a partir este punto es el momento propicio para comer ya que la bajada posterior es más suave. Toboganeando pasamos junto a Villaluenga del Rosario desde donde bajamos hasta Ubrique. En esta larga bajada solo nos encontraremos dos repechos de subida. Uno cerca de Villalonga del Rosario y otro justo antes de pasar junto al pueblo de Benaocaz.

Dejamos Ubrique a la izquierda sin entrar en el pueblo y seguimos con tendencia a bajar hacia El Bosque, pueblo que bordeamos para seguir la carretera hacia Benamahón. Al principio me atrevo a bajar piñones hasta el antepenúltimo, pero pronto vuelvo a mis 23 dientes del piñón grande que no dejaré en los 14 kms. hasta culminar el interminable puerto del Boyar, a unos 1100 metros de altitud. Bajamos unos 2 kms. hasta el cruce que en el día de competición seguiremos a la izquierda en dirección a Zahara subiendo otra vez al puerto de las Palomas en una subida de 3 kms. desde este cruce que se denomina como las Palomitas. Pero eso será en la competición, porque este día el test termina donde yo quiera y como estoy hasta los mismísimos de subir sin parar giro a la derecha y voy directo al camping de Grazalema donde me voy a dar una ducha y a comer un bocata de tortilla que no se lo salta un galgo.

Con un tiempo de 3 horas y 40 minutos, y con unos cuantos kilómetros por hacer aún del recorrido oficial del Titán, creo que las expectativas iniciales de 4 horas sobre la bici van a ser muy optimistas, así que haciéndome una idea los más realista posible, la duración del tramo en bici pueden ser de 4 horas y media a 5 horas, siempre y cuando no ocurra ningún percance ni me visite el hombre del mazo. Lo más importante de todo es que: “Ahora sé donde atacar”, aunque no menos cierto es que el problema no es saber sino poder.

sábado 28 de julio de 2007

Río Barbate y Acantilados de Caños de Meca (14-15 jul07)




Río Barbate.

Entre esqueletos de barcos muertos y moribundos bajamos nuestras piraguas a la orilla. Ni la vista ni el olfato nos deja muy buena impresión de la bajamar del río Barbate, aunque eso pasa en las mejores familias de ríos, si no que se lo digan al Ganges, que encima dicen que es sagrado.

El viento se hacía notar a primeras horas de la mañana, aunque no sería hasta la vuelta cuando nos acordáramos del dios Eolo y to sus castas. Desde la desembocadura del río Barbate nos dirigimos río arriba en dirección a Vejer de la Frontera. Dejamos atrás el viejo puerto y empezamos a ver mariscadores metidos en el fango y el agua apañando berberechos y almejas. Cruzamos el puente y nos paramos un poco para reagrupar. Nuestra marcha no es que fuera un tormento, más bien al contrario, era un paseo, nos parábamos a hablar con los mariscadores, a contemplar el paisaje, a dejarnos llevar por el viento hasta la orilla. En una de esas paradas en medio del río, el viento nos empujó al fango donde Cozi nos deleitó con unos berberechos crudos que según él eran delicatesen.

A las afueras de Barbate hay un barrio formado por casuchas de lata al que le adjudicamos el nombre de Villa Chabolo. Muchas de las casas estaban adosadas a lo largo del río, junto a unos muelles de madera donde los propietarios de las mansiones plateadas amarran sus embarcaciones de lujo, de lujo quedan amarradas quiero decir, porque no se las lleva el agua. El río se iba estrechando poco a poco, perdiendo su apariencia y fauna marismeña con cada tramo que avanzábamos. Ya se veía en lontananza las casas blancas de Vejer de la Frontera, allá en lo alto. Suerte que los ríos no son como las carreteras y no tienen puertos de montaña.

La estrechez del río era cada vez mayor. Empezamos a ver patos levantando el vuelo a nuestro paso e incluso alguna focha furtiva se escurrió entre las cañas. Tuvimos que atravesar algunos tramos del río con cañas acumuladas en el cauce. Pasamos con dificultad apoyando los remos en las cañas y desplazando la piragua con movimientos del cuerpo, deslizándonos poco a poco sobre la vegetación. En uno de esos tramos de cañas descubrimos un nido con 7 huevecitos de patos al que le hicimos un reportaje fotográfico. Entre tanto pato suelto, a mi y al Cozi se nos fue despertando poco a poco nuestro instinto cazador. En uno de los avistamientos nos marcamos un sprint tras un pato que en vez de alzar el vuelo empezó a aletear y andar sobre el agua. Como no cesábamos en nuestro empeño el pato no tuvo más remedio que sumergirse. Esa táctica que antes habíamos observado en los cormoranes era un comportamiento inédito para nosotros tratándose de patos. El caso es que no lo vimos más, se escabulliría entre las cañas de las orillas sin ser visto, el caso es que se fue por patas.

Más adelante nos encontramos otro tramo cañero. Sobre las cañas acumuladas en el río incluso había crecido vegetación. Como no se veía el otro extremo y no sabíamos si podíamos seguir pensamos en bajarnos y andar un tramo bordeando el río para ver un poco más allá. Bueno, en realidad yo lo pensé pero Cozi lo llevó a la practica. El nota se bajó de la piragua ni corto ni perezoso y se metió casi hasta la cintura en el fango de las orillas. Como no podía dar un paso sin hundirse desistió y volvió al río de donde nunca debió salir. Se dio un chapuzón, se subió a la piragua y como arrastrábamos hambre para parar un tren allí mismo sacamos los víveres y nos lo zampamos. Hasta aquí habíamos llegado y nos conformamos con eso. Dimos marcha atrás aunque sabíamos lo que nos esperaba, el mismo camino de vuelta, pero con la marea subiendo y con el viento en contra.

Cuando el río se ensanchaba un poco comenzamos a divisar unos bancos de peces compactos. Los instintos cazadores volvían a aflorar. En pareja ideábamos las tácticas para el acecho y captura. Intentábamos rodear a los bancos para llevarlos a la orilla, e incluso si hacía falta soltábamos algún palazo con nuestro remo sobre la superficie del agua con la esperanza de alcanzar algún pescaito y dejarlo atontado del golpe de remo.

Lo más cerca que estuvimos de pescar fue cuando a la ida al Cozi se le metió dentro de su piragua un pescaillo que huía no sabemos si de nuestras propias piraguas o de los peces grandes que de vez dibujaban una estela al nadar cerca de la superficie e incluso saltaban fuera del agua de vez en cuando.

Entre estos entretenimientos nos acercábamos más a Barbate. El viento me quitaba las ganas de remar, Charo se defendía bastante bien en su autovaciable mostrando una gran resistencia mientras Cozi estaría intacto aún en sus fuerzas según confesó después. A nuestra vista aparecía Villa Chabolo que a estas horas estaba más ambientada, con gente bañándose aprovechando la marea alta. Un poco más y ya estaríamos en el punto de partida. Cargamos las piraguas, fuimos a la playa por turnos para quitarnos el sabor a marisma y Cozi intentó volar su cometa. Nada más. Nos fuimos al camping, mañana tocaba la mar salada.




Acantilados de Caños de Meca.

El camping “El Faro” de Conil donde nos alojábamos estaba repleto. Entramos de noche y tarde después de no poder entrar en otros tres que estaban llenos hasta la bandera. En recepción al ver que veníamos de Huelva nos hicieron un halago a nuestro Recre, bueno en realidad mío solo. Una de las consecuencias de que los campings estén repletos en verano es que hay muchas más posibilidades de que te toque gente ordinaria y que se cree que están solos en el mundo. Las dos noches tuvimos que aguantar a uno de esos grupitos con sus voceríos a altas horas de la noche. En fin, era de esperar, ni que estuviéramos en Escandinavia. Nos despedimos del camping después del desayuno y nos fuimos en dirección a la playa.

Encontramos un aparcamiento al final de los Caños de Meca para bajar las piraguas. La marea estaba muy baja y al final de las escaleras había un salto de unos 3 metros aproximadamente. No nos supuso mucho problema para alcanzar la arena de la playa. Tras un pequeño baño nos montamos en nuestras piraguas. El agua estaba clarita y quieta. Fuimos en dirección a Barbate paralelo a los acantilados. Desde el agua se veían los caminitos que utilizamos un par de meses atrás allá arriba en los acantilados, cuando los Agonías&Company atravesábamos el paraje natural de las Breñas en una de nuestras etapas de la Transandalus.

La autovaciable de Charo, modelo “kea”, se comportaba mostrando unas cualidades muy marineras y una rapidez extraordinaria, o al menos eso decía Charo mientras nosotros sonreíamos para nuestros adentros. Íbamos relajados observando los acantilados y disfrutando de las vistas. Había pequeñas calitas aunque al subir la marea desaparecerían. No sabíamos si parar y bucear un poco o seguir. Al final seguimos remando pero poco a poco el viento se fue levantando y el agua se iba ondulando cada vez más. Yo propuse seguir hasta Barbate, pero Cozi y Charo en mayoría, y con razón, me hicieron ver que lo más prudente era volver. En caso de vuelco, los acantilados eran un compromiso. Nos dimos la vuelta. Al venir las olas de popa la estabilidad empeoró un poco, aparte que las olitas se iban poniendo cada vez más violentas.

Llegamos a la playa de Caños de Meca con alivio. Unos alcanzando la misma orilla y otros, osea yo, volcando antes de tocar tierra. Adentramos un poco las piraguas y nos unimos a la multitud playera, aunque no nos unimos a su costumbre de desnudarse. En realidad era una minoría, muy llamativa, pero minoría al fin y al cabo, y nada atractiva para un hombre... heterosexual al menos. Cuando nos cansamos de playa, de olas y de cosas colgando nos fuimos. Subimos las piraguas por las escaleras del otro lado del aparcamiento, por la parte del bar, nos dimos un último baño final y a comer camino de casa. Nos zampamos tres platos de atún encebollao por cabeza con tinto de verano en abundancia. A partir de ahí empezó para mi el calvario de una gastroenteritis que en principio achacábamos al agua del camping y que me dejó 10 días en el dique seco y más flojo que el pellejo breva. Al parecer fui el más afectado, seguido de Charo que también estuvo tocada. Todos menos el Cozi, que estaba inmunizado con sus baños en las aguas estancadas del río Barbate y con su secreto, el kéfir, que a partir de entonces cultivamos en nuestras propias casas para intentar convertirnos en superhumanos inmunes a los problemas intestinales.

sábado 7 de julio de 2007

Triatlón “Kumgang Dymanic Pinares y Playas de Cartaya” 07julio07


7 del 7 del 7 podría ser la cita satánica de los adoradores del triatlón, o más bien raid. Fue el día de una prueba original y que seguro gana adeptos conforme pasen las ediciones y se corra la voz. Tan sólo hay que ver que los actuales bicampeones, la pareja del Triatlón Punta Umbría “solo” quedaron terceros por detrás de la pareja bartolina Hermanos Macías, la pareja Fabio y Juan Carlos alcoleana y justito por delante mía y de mi compañero, la pareja Agonía formada por Coleta y Calandraka, birlándonos la tercera plaza casi en la línea de meta. Pero no nos adelantemos... todo a su debido tiempo.

Corría el año 2005 y las uvas dieron paso al 2006. Pero no fue hasta el 2007 cuando se desarrolla esta historia... bueno, al grano, el caso es que el 7 del 7 del 7, aparte de San Fermín, fue una fiesta del deporte y la naturaleza en Huelva. Veinticinco parejas en el agua montadas en piraguas descubiertas dobles esperando el chupinazo. El primer segmento eran 7 kilómetros de paleo desde el Lancón (antiguo punto de comienzo del puente que nunca se terminó entre el Rompido y el Terrón) y un muro de piedra en un caño perdido de las marismas cartayeras.

La salida fue un poco caótica para algunos. Hubo golpes de remos contra las piraguas por coger un lugar en el pelotón de cabeza. Hubo piraguas que se cruzaron taponando a otras (algunos de los damnificados fuimos nosotros y la pareja alcoleana Manu-Rubén). El grupo de cabeza se nos escapó pero nos mantuvimos en toda la carrera a una distancia casi invariable y equidistante entre el grupo de cabeza y el resto del pelotón perseguidor. Mi coordinación con el Coleta que estaba en la parte trasera del kayak fue a mejor, y salvo alguna corrección brusca en la dirección desde la popa para alinear la piragua, no tuvimos muchos más problemas que el de la tendencia de nuestra embarcación a escorarse hacia la derecha corrigiéndolo con remadas fuertes con la pala diestra, ¿defecto de remada?, ¿de la marea?, ¿de la piragua?, ¿de la conjunción planetaria?... quién sabe.

Nos aproximábamos al punto de retorno. Ya volvían a meta el equipo TriPunta en cabeza, los bartolinos andaban al acecho junto con los alcoleanos Fabio-JCarlos y... ¡¡Ostras Pedrín!! casi me tuve que frotar los ojos ante mi incredulidad... la pareja mixta formada por “Motor Fuera Borda” Cozi y “Mascarón de Proa” Txarini que iban también en cabeza... (esos eran los roles que yo les asigné a cada uno de los componentes del equipo reketekemao, aunque Txarini alegó posteriormente que ella también remaba). Llegamos al punto de retorno, no nos acordábamos de nuestro dorsal y la organización tenía que apuntarlo. Como no se veía con los salvavidas que llevábamos puestos tuvimos que parar y el Coleta me levantó el chaleco para mirar el dorsal en mi espalda. Fueron segundos perdidos que en piragua son vitales porque es muy difícil recuperar los metros de desventaja. Aún así conservamos la misma posición y llegamos a la orilla en el puesto número 11, tras 50 minutos en el agua.

En la orilla cogí las zapatillas y los calcetines, me senté en mi piragua y con los pies en el agua me quité la arena y me calzé. Cogí dos botellas de agua, una para mí y otra para mi compi. La otra pareja alcoleana (de las muchas que había) Manu-Rubén nos adelantaron en la transición mientras el Coleta se tomaba su tiempo. ¿Estamos?... ¡¡Vámonos ¡¡. Coleta aguantó el tirón dignamente, aún no estando habituado a la carrera a pie. Yo iba a su ritmo porque no servía para nada llegar antes uno que otro, ya que en los controles había que llegar juntitos. Como después me comentó lo pasó fatal en este segmento casi sin poder levantar los pies del suelo. Al final, para adelantar algo tiré un poco para adelante y coger mientras tanto la brújula y el rutómetro para ahorrar tiempo. Después de este tramo adelantamos algunos puestos, saliendo en bici en el puesto 8º o 9º. Mi cronómetro marcaba 1h 20m al empezar a pedalear.

Iniciamos el segmento de orientación en bicicleta de montaña. Toda la buena sintonía y ánimos de los segmentos anteriores dieron paso a las primeras discusiones sobre la bicicleta por culpa del rutómetro.

- ¡¡ Illooooooo, qué dice el rutómetro, cojone!!.
- Sin mosqueos eh!, a mi no me hables así. Si te pones en ese plan lo llevas tú.
- Po trae pacá. Mira que venir sin el soporte pal rutómetro.
- Me tengo que encargar de tó, encima que te he inscrito y he estao llamando pa informarme?
- Eres un desastre quillo.
- No te queje má ompadre, que te queja má que siete viejas.
- Saca la brújula.
- Toma...ande está el norte?
- Pallá.
- Enga.
Lo llevábamos en la mano al no disponer de un soporte para la bici, poca preparación y previsión si que hubo en esta pareja, pero las cosas estaban así y no era momento de mosqueos. Al principio tiré yo, cuando se recuperó el Coleta de la carrera a pie tiró él, después yo y así fuimos pedaleando por terrenos duros por la calor, la arena y los tramos de enduro por donde rodábamos. Como la consulta del rutómetro, que se deshacía en las manos del Coleta, se hizo complicada, optamos por el viejo truco de seguir al que estaba delante nuestra o en su defecto seguir las huellas de las ruedas.

Adelantamos a varias parejas, entre ellas la que finalmente quedó 5ª formada por mi antiguo compañero de MTB Alex&Companía. En cabeza, como supimos más tarde iban los Bartolinos y la pareja Jesuli&Isra, estos últimos sufrieron una caída y una pérdida que los alejaron definitivamente de los puestos de cabeza. Un poco detrás iba la pareja alcoleana Fabio&Jcarlos junto a otros equipos. Los teníamos a la vista. ¿Para qué queremos brújula ni rutómetro si tenemos a una pareja que va rápido delante nuestra perdiendo su tiempo en consultar la ruta y que además no se equivoca... “demasiado”?.

En realidad seguir a una pareja es bueno si van en la dirección correcta, pero si se equivocan, tu también te pierdes. No fue el caso. Los cogimos y rodamos juntos durante la segunda parte de este segmento ciclista. Ibamos bien... bastante bien diría yo, en realidad íbamos mucho mejor de lo que creíamos. Hubo un momento de confusión donde nos juntamos varios equipos. Era junto al punto de control número 6, el último, tan sólo había que llegar a la meta, pero donde coño estaba la meta. Fabio leyó el rutómetro... “la fuente de piedra... sé donde está eso, vámonos”. Era el final, ya no hacía falta rutómetro. Nosotros no sabíamos donde íbamos, solo seguíamos a Fabio y Juan Carlos.

Nos incorporamos a una pista en descenso mientras pasaba por allí como dos balas la pareja TriPunta. Los cogimos y los dejamos atrás. Entrábamos en la zona de recreo, la Pradera de San Isidro, frente al Karting. Rodábamos con más tranquilidad de la cuenta, tanto que nos cogió de nuevo la pareja TriPunta. Eramos tres parejas, los Alcoleanos dirigiendo, los Agonías y los TriPunta. Pensábamos que rodábamos en el puesto 6º o 7º. Por nuestra cabeza no pasaba la idea de lo que nos estábamos jugando en realidad. De pronto la meta se puso delante nuestra sin esperarlo, el Coleta me avisaba, yo en ese momento rodaba detrás de él, no lo oí, el equipo TriPunta pasaba delante nuestra a 10 metros de la meta, entre los alcoleanos y nosotros. En meta nos dijeron nuestro puesto. Sois cuartos. ¡¡ Me cago en toooooooooooooo !!. Sólo hubiera hecho falta un arreón final para subir al podium. El Coleta echaba humo... me odiaba a muerte. Yo le amaba, bueno es mentira, pero al menos no había odio:

- Por qué no has sprintao cabrón.
- Yo que sé, yo creía que la meta no estaba aquí todavía.
- Pero si te he gritao... ¡¡ ahí están las columnas !!.
- Qué columnas, ni columna...no he escuchao ná, mamón.
- Joder tío hemos perdió el tercer puesto por tu culpa.
- Coleta no pasa ná coño, que somos los cuartos, que tenemos trofeo y dinerito.
- Que yo quería ser tercero.
- Que cansino... venga ya coño, a mis brazos.

Y entre miradas encendidas aún por el resquemor nos dimos un abrazo que selló nuestra reconciliación, al menos superficialmente. Solo pasó un rato para borrar los malos sentimientos. El tiempo lo cura todo. Ahora somos una pareja feliz. Repusimos fuerzas con la suculenta comida que nos ofreció la organización a base de paella y sardinas asadas sazonado todo ello con vino de la tierra y cerveza.

Después de todo es la primera prueba por parejas a la que voy con el Coleta. No se si será la última, pero si seguimos a este ritmo deberíamos pensar en abrir una cuenta para meter los primeros 50 eurazos que hemos ganado hoy y los millones que vengan después, y quién sabe si en un futuro tendremos que alquilar un local para guardar nuestros trofeos...

Como moraleja final habría que tomar ejemplo de este tipo de pruebas. No sólo se hacen buenas pruebas si las organizan las federaciones y para ejemplo solo hay que recordar la prueba triatlética de montaña del Castillo de las Guardas, donde la federación no aparece porque los organizadores no quieren pasar por su aro...o al revés, y vaya prueba emblemática y bien organizada que se montan entre el Club MTB del pueblo y el ayuntamiento.

Y otro buen ejemplo es esta prueba, más cercana al Raid que al Triatlón, organizada por el Patronato de Deportes del Ayuntamiento de Cartaya y el club Kumgang Dynamic, bueno, bonito y barato... quien da más.

domingo 1 de julio de 2007

Regata Internacional Subida del Guadiana 1 julio 2007


Debido a un malentendido horario llegamos al Club Marítimo de Huelva justo cuando el carro del Club Abedul estaba ya cargado con las piraguas y dispuesto a salir. Con las prisas montamos mi piragua y la del Coleta con la mala suerte por mi parte de hacer un esfuerzo brusco al cargar mi piragua que me provocó una contractura en la espalda que me molestaría bastante para el resto del día.

Llegamos a Vila Real de Santo Antonio. La marea seguía bajando y junto con el fuerte viento en contra que hizo todo el día provocó el retraso de la salida. Media hora más tarde de lo previsto con la marea comenzando a subir, salimos todas las piraguas en la categoría “turismo”. Ese nombre no coincide mucho con lo que íbamos a hacer, ya que los 35 kilómetros que nos quedaban por delante (Google Earth dixit) no iban a ser precisamente un paseo, sobre todo con el tremendo viento en contra que nos acompañó todo el tiempo.

No habíamos pasado aún debajo del Puente Internacional del Guadiana (a unos 5 kilómetros de la salida) cuando comenzaron a adelantarnos las piraguas de “carretera”, aunque salieron media hora después. Se habían alejado ya no sólo las piraguas de “carretera”, sino las piraguas todo terreno ó PTT que iban de “turismo” según decían. Por delante ya no se veían ni Rubén Bombero con su Barracuda, ni Dani Rompido con una Seayak, ni Benito Rompido con su piragua de fibra de vidrio nueva, ni siquiera Cozi RKT con más mérito aún con su Capri de eslora mucho más corta... y en fin casi todos.

Un guiri que iba en una piragua de “carretera” pero en plan turismo me preguntaba si la lancha que veíamos a la derecha era el bote de ayuda.

- It is the help boat?
- I think so. If you can´t (con el pellejo) it’s better to come back right now (mejor dar la vuelta ahora mismo).
- It’s the first time. (la excusa de ser la primera vez... hijo mío porque te metes 35 kms. del tirón para ser la primera vez).

Lo dejé atrás y pasamos el puente. Justo después nos adelanta al Coleta y a mi una mujer en piragua de competi. Al llegar a mi altura me dice:

- No teneis valor...
- Cómo lo sabes.

La mujer (que al final quedó primera en féminas veteranas) me miró con cara mitad de admiración y mitad de pena por hacer la “carrera” en una piragua de travesía de 25 kilos y por el ritmo cansino que llevábamos.

Poco después de atravesar el puente vimos en la margen izquierda del río una piragua descubierta doble. Habían parado a comer parte de su cargamento de tupperware (en lo sucesivo taperwer) que nos enseñaron en la salida. Estos dos si que tienen valor de verdad. Nos seguían pasando gente, otra piragua doble, esta vez de carreras y manejada por dos féminas, una blanquita y una mulatita que hacían una composición bastante exótica y que nos gustó mucho más que los maromos tripulantes de la otra piragua doble.

No llevábamos un tercio de subida cuando ya pensamos en hacer una paradita para estirar las piernas y descansar el culo. La excusa perfecta fue una especie de muelle rudimentario en forma de rampa de piedras que aprovechamos para descansar un poco, ver pasar al equipo taperwer y a otra piragua roja más que increíblemente iba aún detrás nuestra. Era el último... hasta ese justo momento en que nos cedió el dudoso honor a nosotros.

¡¡ Qué paquetes !!. Vámonooooos. Si al menos tuviéramos un taperwer lleno de comida en vez de la barrita energética que nos tuvimos que zampar. Reiniciamos la marcha a nuestro pesar... ¿no estamos en la categoría turismo...para qué tanta prisa?. Que suplicio.

Pronto alcanzamos al de la piragua roja que iba a su ritmo cansino. El bote escoba, cual buitre carroñero iba acechando a los moribundos. Allí vimos montado al guiri con su piragua de remolque. La idea de abandonar rondaba ya por la cabeza de mi compañero cuando me pidió que lo avisara cuando lleváramos 3 horas de marcha.

Contuve a mi compañero de ruta que quería hacer otra parada, aconsejándole que parásemos en el pantalán del pueblo que se veía a lo lejos. Sería en Foz de Odeleite, en el kilómetro 19, donde nos dijeron que quedaba poco menos de media travesía aún. Paramos sin bajarnos de las piraguas. Yo solo quería seguir y terminar con esto cuanto antes. El Coleta también quería terminar cuanto antes, pero mucho antes que yo. La idea de abandono se convirtió en grito en el Coleta que desde atrás me llamaba para abandonar. El nota no se lo pensó mucho y aunque me vió que yo seguía, se subió a la barca.

- ¡¡ Carlooooos, abandonaaaaaaa !!.
- ¡¡ Noooooooo, sigueeeeeeeeeee !!.

Su sufrimiento había cesado, mientras a mi me quedaban dos horas más de paleo. Y ya no era solo el viento y los kilómetros los que me mortificaban... ahora tenía que aguantar a ese Coleta gritando en la cubierta del bote escoba:

- Calandrakaaaaaa, abandona yaaaaaa... Súbete a la barcaaaaaa... No te quea naaaaaa... No te da vergüenza que te va a adelantar ese hombre mayor...

Esto es lo úrtimo... ¡¡ me tenía que dar vergüenza a mi !!, ¿A MI , que seguía paleando como un jabato? y no a él, que estaba subío en la pingoleta de la barca con su piragua de reata....¡¡ Oh, nooooo !! Que el viento levante olas gigantescas contra mi, que se lleven Sanlúcar siete leguas más allá, que el río se ponga cuesta arriba... pero por todos los dioses del Olimpo...¡¡ QUE SE CALLE ESTE TIO !!.

Paleé con “el hombre mayor” de la piragua roja un rato, él no pensaba retirarse, así que yo tampoco, no tenía ganas de ná, remaba sin ganas, hasta que cambié el chip y en el kilómetro 27 aproximadamente empecé a palear con fuerza aprovechando un revuelta del río sin viento, al menos no quería ser el último. La contractura de la espalda me molestaba pero me fui distanciando poco a poco de la piragua roja y acercándome al equipo taperwer. En una vuelta a la izquierda el viento empezó de nuevo a soplar con fuerza en contra, aunque fue un alivio divisar a lo lejos el castillo de Sanlúcar de Guadiana. Era el kilómetro 30, ya quedan sólo 5. Ni rastro de la piragua roja por detrás, pero la doble descubierta se me había alejado de nuevo. Veo por fin las casas de Alcoutim. Una embarcación grande me adelanta por la izquierda. Se me viene a la cabeza ponerme a rebufo. Me acerco al barco por estribor. Me saludan desde la borda. Me engancho detrás, van a un ritmo que puedo aguantar con algo de esfuerzo, entre fases de palada fuerte para mantener la velocidad de la embarcación y fases de relajación para no chocar con la patera que llevan de remolque. Los 10 o 12 pasajeros del barco me miran con expectación, uno de ellos saca una cámara de vídeo y empieza a grabar. Iré de los últimos, pero que carajo... voy dando espectáculo.

Si hubiera aguantado a ese ritmo hubiera alcanzado a dos piraguas al menos que tenía a la vista, pero las horas de remada son muchas y tengo que soltar el barco tras avanzar cerca de medio kilómetro “chupando rueda”. Llego por fin a Sanlúcar de Guadiana, la meta final donde nos espera una buena comida. El bote escoba cual reata de mulas acababa de llegar también remolcando la piragua del guiri y del Coleta, abandonando atrás al farolillo rojo de la carrera que después de un rato aún no había llegado.

El ganador bajó de las 3 horas. Yo, con un camelback, un bote de agua rellenado una sola vez, y una barrita energética como único alimento terminé la subida al Guadiana en 5h 12m con la espalda hecha misto y con más viento en el careto que una pandorga.